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viva la vida: ¿historia de un rey o reconciliación con dios?



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Una de las definiciones posibles para himno es la de una composición musical emblemática, capaz de crear un tejido de colectividad en el que varias personas alcanzan el identificarse entre sí. Llegó un punto en la historia en que los himnos ya no iban estrictamente unidos a un territorio o a una creencia, sino que muchas composiciones lograron romper las barreras necesarias para abandonar la etiqueta simple de “canción” y volverse épicas sin obligación de representar a un país o a una religión. Hoy vamos a hablar de uno de estos casos: Viva la Vida de Coldplay, que precisamente esta semana ha cumplido nueve años desde su posicionamiento en el #1 de varias listas internacionales. Como ya lo habían hecho otros antecesores británicos, Queen con Bohemian Rhapsody o The Beatles con Yesterday entre otros, Coldplay se apoderó de toda una generación con su canción y dio forma al que, seguramente, la mayoría definirían como su tema más alegórico y simbólico.

Viva la Vida supuso el segundo sencillo de su cuarto álbum, Death and All His Friends (2008), y consiguió hacerse con el premio Grammy a la mejor canción del año. Logró convertirse en uno de esos temas que no para de sonar en la radio en meses y recibe elogios desde todas las partes del mundo. Por recibir, recibió hasta una acusación de plagio por parte de otro músico: Joe Satriani, que aseguraba que la canción contenía porciones sustanciales y originales de su tema If I Could Fly. Este hecho fue negado por el grupo británico de manera oficial a través de un comunicado, pero inevitablemente restó algo de magia y fascinación a la canción. Pero ese es otro tema. Hoy nos dedicaremos a desmenuzar esta célebre pieza para intentar identificar el origen de su significado, que ha sido objeto de debate desde el día de su publicación y que presenta, generalmente, dos teorías:

El primer sentido que muchos aseguran que tiene esta canción gira entorno a una figura histórica: el rey Louis XVI de Francia, la muerte del cual supuso el fin de la monarquía absolutista en este país. Viva la Vida constituiría el testimonio del propio rey al inicio de la Revolución Francesa en 1789, momento en el cual ve la demolición de su reino y prevé su ejecución, que no llegaría hasta el 21 de enero de 1793. Ese día, el todavía rey de Francia y Navarra fue condenado a la guillotina en pleno centro de París, en la Plaza de la Revolución, actualmente conocida como Plaza de la Concordia. En la letra, el espectador encuentra la aceptación de Louis XVI ante la perdida de todo su poder y la inevitable llegada de una situación de caos y alteración que va a cambiar la condición de su país. Esta interpretación de la canción se refleja de manera latente en la letra, donde la figura del rey, el reino e incluso la decapitación aparecen de forma explícita, pese a que no se hace ninguna referencia concreta a Louis XVI o Francia en ningún punto.

Viva la Vida – Coldplay
Viva la Vida or Death and all his friends (2008)

I used to rule the world
Seas would rise when I gave the word
Now in the morning I sleep alone
Sweep the streets I used to own
 

I used to roll the dice
Feel the fear in my enemy’s eyes
Listened as the crowd would sing
Now the old king is dead long live the king
One minute I held the key
Next the walls were closed on me
And I discovered that my castles stand
Upon pillars of salt and pillars of sand

Además de la letra, hay otras evidencias que potencian esta versión. Una de las más obvias la encontramos en el videoclip alternativo (arriba) que el grupo decidió grabar con el icónico fotógrafo y director de vídeos musicales Anton Corbijn, responsable de obras como el Personal Jesus de Depeche Mode o el One de U2. A decir verdad, no era la primera vez que colaboraban: ya lo habían hecho en 2005 cuando grababan el vídeo de Talk (X&Y). Tampoco sería la última: volverían a hacerlo en la creación de Coldplay Unstaged, grabación del concierto de Coldplay en Madrid en el que presentaron su álbum Mylo Xyloto (2011) y que fue retransmitido a todo el mundo a través de YouTube. En la versión no oficial del clip, que se ha difundido sin ningún tipo de censura ni impedimento por Internet desde el día de su lanzamiento, nos encontramos con un Chris Martin solitario que pasea por las calles vestido con una capa roja y una enorme corona. Le acompañamos en su desamparo, mientras camina hasta encontrarse con el resto de miembros de Coldplay en una verde colina.

¿Y el objeto que el rey Chris lleva debajo del brazo? Se trata de una réplica de una de las pinturas más emblemáticas del romanticismo: La Liberté Guidant le Peuple (1830) de Eugène Delacroix. A estas alturas de la lectura, seguramente la mayoría ya habréis recordado que esta obra pictórica resultó ser la elegida para dar forma a la portada de Viva la Vida or Death and All His Friends. El nombre escogido para el álbum resulta ser la fusión de los títulos de dos de los diez temas que componen el trabajo. Aún así, en la portada únicamente aparece escrita la primera, estableciendo un vínculo directo entre el cuadro del pintor francés y la canción que hoy tratamos. Cabe tener en cuenta que la temática de la pintura de Delacroix se centra en las Tres Jornadas Gloriosas de París: una revuelta de las clases medias y populares contra el rey Carlos X y su gobierno autocrático en 1830. Aún así, el carácter alegórico de la obra la ha convertido en un icono y símbolo universal de la lucha por la libertad y de ahí el posible atribuido enlace con la revolución de 1789 y la decapitación de Louis XVI.

Los nexos entre la letra de Viva la Vida y la biografía de Louis XVI parecen innegables, pero muchos consideran que existe otro significado recóndito que no es, para nada, incompatible con la conexión que la mayoría ha establecido entre los versos y el rey francés. Viva la Vida podría encarnar el capítulo final entre la lucha que algún día existió entre el líder de Coldplay, Chris Martin, y Dios. Y cuando hablamos de Dios no nos referimos estrictamente a un Dios cristiano, sino a la simple existencia de una fuerza superior que rija el sino de nuestras vidas. Mientras que cuando hablamos de lucha, nos referimos a una disputa pacífica que encuentra su base en el interés por la convivencia de las distintas religiones y la influencia que estas han llegado a tener y siguen teniendo en el comportamiento humano.

I hear Jerusalem bells a-ringing
Roman cavalry choirs are singing
Be my mirror, my sword and shield
My missionaries in a foreign field
For some reason I can’t explain
Once you’d gone there was never
Never an honest word
And that was when I ruled the world

En 2005, en plena promoción del tercer álbum de Coldplay X&Y, Chris Martin concedió una entrevista a la revista Rolling Stones en la que aseguraba: “Creo en Dios, sin duda. ¿Cómo puedes mirar cualquier cosa y no sentirte sobrepasado por el milagro de su creación y existencia?”. Sin embargo, toda la devoción espiritual evangélico-cristiana que el cantante había conreado durante años empezó a mostrar síntomas de crisis. Durante años, Martin meditó alrededor de la existencia real de Dios y, sobretodo, sobre su verdadero origen y forma. En varias ocasiones, confesó estar totalmente fascinado con el mundo teológico, estudiarlo e, incluso, llegar a obsesionarse de manera aterradora. Pocos años después de sus palabras en Rolling Stones aceptó que ya no estaba nada seguro acerca de la presencia de Dios y expresó que “siempre trato de averiguar si es Él o Ella o si Dios es Jesús o Mahoma o Zeus”. Finalmente, tras años de asaltos espirituales, afirmó públicamente que se consideraba all – theist, un término que él mismo había inventado, y que viene a significar que cree absolutamente en todo.

I hear Jerusalem bells a-ringing
Roman cavalry choirs are singing
Be my mirror, my sword and shield
My missionaries in a foreign field
For some reason I can’t explain
I know St Peter won’t call my name
Never an honest word
But that was when I ruled the world

En junio de 2008, Viva la Vida or Death and all His Friends vio la luz y muchos medios se interesaron rápidamente por las referencias religiosas que el álbum contenía. El disco, como ya había sucedido en trabajos anteriores, estaba repleto de menciones espirituales, pero en esta ocasión la cantidad era aún mayor. Encontrábamos especialmente alusiones enfocadas a la posible vivencia después de la muerte y, en consecuencia, a la constante obsesión del ser humano por legitimar a Dios para asegurarse una gratificación post-vital en caso de haber vida tras el fallecimiento. Era el caso de temas como Cementeries of London o 42. Este último recogía versos como:

Those who are dead, are not dead.
They’re just living in my head.
And since I fell for that spell I am living there as well.

Time is so short and I’m sure there must be something more
[…]
You thought you might be a ghost.
You didn’t get to heaven but you made it close

Sin embargo, casi toda la atención fue a parar al segundo sencillo, Viva la Vida, y en especial, a los versos en que se hace referencia al apóstol San Pedro. Cuando los periodistas preguntaron el verdadero significado de la canción a Chris Martin, este respondió: “Se trata de no estar en la lista. Siempre me ha fascinado esa idea de acabar tu vida y ser analizado en base a ella. Además, es una idea establecida en muchas religiones. Por ese motivo la gente explota edificios: porque esperan ser recompensados por ello. Si lo piensas, la condena eterna es lo más escalofriante que puedes declararle a alguien”. En efecto, este comentario podría convertir a Viva la Vida en un himno de reconciliación por la falta de afiliación religiosa. Martin defiende su honradez y se afronta al posible juicio de Dios con el mayor respeto posible pero a la vez con una nulidad total de fe devota en él. De aquí que muchos contemplen este single, pero en general todo el álbum, como la prueba viviente de la falta de creencia de Martin en la existencia de un solo Dios y su pacificación con la coexistencia de distintas creencias y los posibles conflictos que esta puede generar en nuestro mundo.

Las dudas religiosas de la cara principal de Coldplay tomaron, seguramente, unas medidas descabelladas, que han desembocado en factores como que el nombre de Chris Martin aparezca rápidamente asociado al anti-cristianismo en la red. Y quizá es mucho suponer que Viva la Vida or Death and All His Friends devino un punto y a parte en su trayectoria de fe. Aún así, no es nada disparatado afirmar que dicho álbum marcó un antes y un después en el temperamento de Coldplay como grupo musical. Los trabajos posteriores (Mylo Xyloto en 2011, Ghost Stories en 2014 y el último, A Head Full of Dreams) en nada se asemejan a la estética anterior, en la que llegaron a predominar los colores ocres de Delacroix y los versos existencialistas. Y muchos han sido los que han acogido con los brazos abiertos esta nueva etapa marcada por los colores flúor, las estrofas pegadizas y los duetos con reinas del pop. Muchos otros, sin embargo, contemplamos con un cariño notablemente nostálgico los días en que Chris Martin y los suyos nos deleitaban con temas como Viva la Vida, poesía histórica y trascendental. T: Núria Sanz

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