El actor y dramaturgo, Iván Morales, toma como referencia el argumento de la película Le trio en si bémol ( 1993), del desaparecido Éric Rohmer, para escribir su Sé de un Lugar y dirigirlo en un espacio escénico que enaltece al Born de Barcelona, después de su estreno en La Caldera de Gràcia.
La obra está acorde con el lugar y, en efecto, se tiñe del ambiente propio de la nouvelle vague, en versión catalana pero afortunadamente universal, y bilingüe como la vida misma. No podía haberse elegido mejor sitio y tampoco mejor puesta en escena. Dos únicos actores dignos de elogio, Anna Alarcón y Xavier Sáez, nos conmueven interpretando la intimidad de Veré y Simó en un contexto cultural y socialmente cosmopolita, ayudados por un tercer personaje sacado del público. Un público que se adentrará en el apartamento de aquél, convirtiéndose en un mueble más que tendrá el privilegio de conocer a fondo una historia muy personal, pero de la que nadie puede sentirse ajeno.
La pareja se desnuda y nos expone sus contradicciones e inseguridades, que son las de todos, en el indescifrable mundo de los afectos y de los proyectos que se asumen. El hartazgo, la depresión y ansiedad que a veces empañan a los personajes, no impiden que estos trasluzcan un ánimo claramente vitalista y que, imprimiendo un ritmo que a medida que transcurre la función deviene trepidante, den muestras de un sentido del humor que provocará sonrisas, e incluso carcajadas, entre los presentes. Hasta sus discusiones no dejan mal sabor de boca sino que, al contrario, les hacen aún más entrañables. Ni los silencios sobran.
En los encuentros entre Veré y Simó se reflexiona sobre la amistad y el yugo y a su vez salvavidas que supone aquello de lo que uno no se desprenderá jamás, la familia. Se caricaturizan las drogas, el yoga, las terapias alternativas y las huidas hacia adelante, la xenofobia y el snobismo social, efectuándose continuas referencias multiculturales. Se plasma su voluntad, atormentada e inquebrantable, de no someterse, en una vida que consiste en inicios, abandonos y vueltas a empezar. Estos dos amigos y amantes se hallan tan perdidos y confusos como el común de los mortales, pero esa sensación podría cicatrizar si, después de múltiples malentendidos propios de una comedia, uno encontrara su lugar en el otro, si identificaran su canción en común: “Sé de un lugar”, de Triana. El patio de su recreo, que diría Antonio Vega.
Conseguir que una sala repleta de espectadores interpuestos en el camino se convierta en el hogar de un soltero de treintaitantos sin dejar ninguna duda, que en una hora el espectador conozca perfectamente a los protagonistas y que estos le enternezcan hasta el punto de llorar, es un logro que se debe a una muy buena labor actoral y a un texto y dirección excelentes, fruto sin duda del rigor con el que se ha trabajado y el respeto a la profesión. Si bien es cierto que esa cercanía que se ha alcanzado entre público y personajes no empieza con tan buen pie, la obra va in crescendo y finalmente la conexión es total, tanto como para permitir afirmar que es una de las mejores piezas de teatro que se han visto en lo que va de año en la ciudad. Una obra preciosa, calida, austera y cautivadora que debería tener, si los programadores lo permiten, un largo recorrido. T: Martí Dalmau
La Seca- Espai Brossa. Hasta el 26 de febrero.

























