Afganistán es un país que a lo largo de su historia ha vivido varios conflictos bélicos de los que aún no acaba de recuperarse. Para los niños de este país, esto afecta directamente en su infancia, como periodo de su vida en el que son más más libres, más despreocupados, un periodo que hay que disfrutar con la inocencia que a veces este tipo de situaciones te arrebata. Por eso, proyectos como skateistan han surgido para proporcionar a los niños del país una especie de oasis en el que vivir su infancia como realmente merecen, en el que puedan aprender informática o idiomas, y sobre todo conectarse con el mundo a través de internet y la interacción con otras culturas. Todo esto se consigue a través del skate, que sirve como reclamo para proporcionarles un mundo de posibilidades. En el pasado WIB 2011 tuvimos oportunidad de charlar con Sophie Friedel, involucrada en el proyecto, que nos contó mucho sobre esta iniciativa que poco a poco se está haciendo más y más grande.
¿Puedes contarnos cómo nació el proyecto, de donde surgió la idea y cómo contactásteis con la gente en Kabul?
El proyecto Skateistan comenzó porque Oliver Percovich vino a Kabul desde el Crack Mistery Cup. Su novia por aquel entonces, Shana Lonnen estaba trabajando en un proyecto sobre planificación hídrica en Kabul. Él vino a visitarla y hacía skate por las calles. Los niños se acercaban, le miraban, corrían detrás de él. Al principio tenían un poco de vergüenza, pero él les hablaba y jugaba con ellos un poco. La segunda vez que fue a visitar a su novia, les trajo tablas de skate. A partir de ahí, pasaron semanas hasta que la idea final surgió. Al principio, después del trabajo subían unas tablas a unas motos y se iban a una fuente vacía que había en la ciudad, a patinar un poco, y la idea tuvo éxito, vinieron muchos niños. Pero un día de repente las niñas dejaron de ir. Preguntaron en la comunidad por qué pasó esto tan de repente, y les dijeron que las niñas no podían participar en deportes públicos, así que trataron de buscar una solución. Así fue como nació la idea de construir un skate park para que los niños tuvieran un lugar seguro donde patinar y jugar sin que la gente los mirara.
¿Cuál es el objetivo final que os marcásteis al empezar el proyecto? ¿Lo habéis cumplido?
Tenemos un par de objetivos, pero el principal es proporcionar a los niños un lugar donde se puedan desarrollar como líderes de sus comunidades y sobre todo, darles un espacio donde puedan actuar como niños, donde puedan sentirse con el poder de cumplir sus sueños y hacer las cosas en las que creen. Pero también procurarles una educación: les damos clases de inglés y de informática. En este proyecto el skate es un cebo: ellos vienen a jugar, pero antes les damos clases. Además, pueden practicar otros deportes como la escalada en paredes preparadas para ello. Creo que hemos conseguido muchas cosas pero aún no hemos terminado. Y espero que nunca terminemos, porque la gente crece y tiene que ser un proceso fluido y continuado de educación.
¿Cómo ha sido la reacción de la gente en Kabul teniendo en cuenta la situación que vive el país?
La gente en Kabul se ha tomado el proyecto de una manera muy positiva. Los periódicos locales han ayudado a promocionar deportes femeninos y de hecho, el gobierno afgano está implicado en apoyar a las mujeres para que hagan este tipo de actividades, pero es una tarea muy difícil teniendo en cuenta las convenciones sociales tan arraigadas aquí. Con los padres de los niños hay buena relación, mucho feedback. Ellos tienen mucho interés en que sus hijos aprendan inglés e informática, por lo que se consigue el equilibrio: los niños y los padres están contentos.
¿Ves que las chicas se esfuerzan por luchar contra las limitaciones de su familia y la sociedad?
Desde mi perspectiva creo que Skateistan les da las herramientas para que sean capaces de esforzarse y puedo ver como su confianza aumenta. En el resto del país, están haciendo grandes esfuerzos pero es mucho más difícil. En Kabul la cosa cambia un poco. Las mujeres son más aceptadas, hay cada vez más mujeres conductoras, por ejemplo. Y si repasas la historia del país verás que han conseguido mucho, pero el proceso es lento. Están haciendo un buen trabajo más allá de Skateistan, hay muchas organizaciones trabajando por los derechos de las mujeres y se están consiguiendo muchas cosas.
¿Tu perspectiva entonces es que las chicas están haciendo un buen trabajo? ¿Serán capaces de cambiar definitivamente su situación?
Dadas las circunstancias, estoy muy impresionada por lo que están haciendo. No os puedo dar una respuesta definitiva porque primero tendríamos que definir la situación, y es muy compleja. No seremos nunca capaces de comprenderla por completo, por lo que no sabemos si lo conseguirán en todos los aspectos. La generación más joven quiere cambiar las cosas, quieren trabajar, construir un Afganistán unido. Si se ponen todos juntos a ello, como una comunidad, lo conseguirán. Pero es algo global. El resto del mundo también tiene que apoyarles, pensar en positivo y respetarlos por lo que son.
¿Es fácil para ellos conseguir una conexión a internet para seguir lo que pasa en el resto del mundo?
Todo el mundo tiene móviles, son muy populares. Pero solamente algunos privilegiados tienen internet en su casa. Nosotros, gracias a nuestro patrocinador, Roshan, podemos tener internet en el skatepark. Disponemos de dos pantallas grandes para hacer conferencias por Skype. También tenemos programas de intercambio con escuelas de skate en Canadá, Berlín, Suiza y Perú. Cuando se conocen, los niños empiezan a hablar y así conectamos a gente de manera global.
Así los niños conocen otras culturas y ven diferentes puntos de vista.
Desde luego, porque Afganistán a través de la historia se ha formado como un país en el que las diferentes etnias viven separadas, no hay un sitio en el que todas coincidan para poder socializar, y eso es lo que tratamos de conseguir en el skatepark para la gente joven. Allí no hay muchos sitios en los que puedan divertirse y jugar porque no es seguro dejar a los niños solos, por eso hasta ahora no salían mucho. Además estamos intentando construir otro skatepark, para lo que estamos recaudando dinero.
¿Cuál es el próximo paso en el proyecto?
Ahora mismo estamos recaudando dinero para el nuevo skatepark exterior, que estará vallado para que los niños puedan jugar de manera segura, también queremos crear un auditorio exterior para darles clases fuera y queremos potenciar su lado artístico con un espacio para graffitis. Además, hemos empezado a construir el segundo skatepark de Afganistán en Mazar-e-Sharif, que estará acabado en marzo. Y como parte de nuestra expansión, hace un par de meses se ha abierto un skatepark en Camboya. Gente que participa en Skateistan viajará a una universidad en Turquía para desarrollar un proyecto allí. Esto es todo lo que estamos haciendo por el momento.
¿Aún seguís grabando el proyecto para presentarlo en algunos festivales?
Creemos que se puede conseguir mucha ayuda si enseñamos al mundo cómo vive la gente en Afganistán. Está claro que los medios de comunicación muestran lo que pasa en Afganistán, no voy a negar que siguen habiendo bombas y lucha, pero no es todo el tiempo. Y la imagen que tiene el mundo de este país por los medios es de una completa locura.
¿Tenéis el apoyo de otras marcas o instituciones para el proyecto?
Tenemos un gran apoyo. Mucha gente nos ayuda, pero estamos intentando buscar una solución para no depender de las donaciones y ser independientes. Afortunadamente, como escuela de skate tenemos el apoyo de marcas implicadas en el movimiento, como Fallen, todas las tablas que tenemos nos las suministran ellos. También hay un stand en sus tiendas con zapatillas y si compras alguna de ellas, el 7% del importe va destinado a nuestro proyecto. Otra marca que nos esponsoriza es Zero skateboards. El material de seguridad, como cascos y rodilleras nos lo proporciona la marca TSG, que además ha hecho una colección especial para Skateistan. Además, diseñadores, abogados e informáticos profesionales nos prestan su ayuda.



























