ART, CULTURE, Destacado2, Painting, Photography, Society | , , ,

queer art ahora y siempre: ¿por qué se ha convertido en un género por si mismo?



F7

Tongues, de Prem Sahib (2014).

El Tate Britain celebra cincuenta años de la libertad gay con una exhibición que abre esta semana sobre el queer art, una término artístico hace tiempo conocido por los historiadores de arte pero cuya perspectiva no ha sido siempre reconocida ni mucho menos aceptada por la sociedad. Se trata de una escuela específica de protesta, está diseñado para una audiencia también específica y sus obras ofrecen una perspectiva, cuanto menos, diferente.

F1

Self portrait with Nude, de Laura Knight (1913). Fotografía de la National Portrait Gallery.

Y no, no todas las obras que pertenecen al queer art son iguales, ni deberían entenderse como una simple celebración de la cultura (y permitidnos que cojamos con pinzas este término) homosexual. Hay vida mucho más allá, y las actitudes de las piezas abarcan desde esta celebración hasta el sentimiento de ansiedad más visceral. Funciona, en definitiva, como el resto del arte: cada observador ve lo que quiere ver. Son obras extremadamente implícitas, a veces. Y otras, en cambio, parecen una demostración absolutamente explícita de la homosexualidad. Pero, a pesar de todo ello, el museo ha querido dejar claro que se trata de una exposición de arte queer, y no de artistas del colectivo de LGTB; y es necesario también tener en mente que el término queer no equivale a homosexual, si no que hace referencia a un espectro de posibilidad de identidades mucho más extenso a través de la variación de los conceptos normativos de género y sexualidad.

F2

Sappho and Erinna in a Garden at Mytilene, de Simeon Solomon (1864). Fotografía de la Tate.

Con todo, parece que el término queer ha empezado a entenderse por la comunidad LGBT como algo ofensivo y de connotaciones despectivas. Por eso, cuando el Tate anunció la exhibición el año pasado, hubo más de uno que ya empezó a cuestionar la necesidad de una exposición bajo este letrero. Pero el nombre no solo es necesario, si no que además tiene sentido: tiene un significado histórico, localizado en aquel momento de fugaz cambio social y despertar creativo que abarcó el período de 1861 (cuando la sodomía dejo de ser castigada con la pena de muerte en el Reino Unido y Gales) y 1967 (cuando las relaciones sexuales homosexuales dejaron de ser un crimen). Fue un periodo crucial, en el que esta sexualidad y género no estaban definidos aún socialmente, y el concepto queer se convirtió en la etiqueta perfecta y en todo un símbolo de identidad.

F3

Drawing of two men kissing, de Keith Vaughan. Fotografía del Estate of Keith Vaughan.

En este sentido, además, la curación de arte queer puede entenderse como un intento de desmitificar los conceptos sociales normativos y heterosexuales que se habían encarnado ya al Tate, y de romper este conservadorismo basado en el tópico y abrir un nuevo período en el que las disidencias de sexualidad y genero empiecen a ser consideradas por las instituciones culturales y de arte. Es un intento, además, de analizar cómo la forma en que los discursos históricos han tenido lugar es, de hecho, una construcción social y política para mantener el status quo. Una exposición absolutamente necesaria teniendo en cuenta las demandas que apuntan a que nuestra sociedad ha perdido la capacidad de reaccionar al arte libremente por nuestra obstinada fijación en la sexualidad.

F4

C.Z and Max on the Beach, Provincetown, Massachussetts, de Nan Goldin (1976).

Para aquellos escépticos que no le encuentren la necesidad a la exposición, el Tate está a punto de demostrar que el queer art es una temática en si misma, y que no tan solo merece un lugar propio en la historia del arte, sino que es capaz de inundar ésta de una luz completamente inaudita. Desde Francis Bacon, Duncan Grant, Hannah Gluckstein, Dora Carrington, John Singer Sargent o el más contemporáneo David Hockney, hay arte para todos los gustos y colores. Y, para acabar de rematarlo, una bandera tintada de arco iris se desplegará sobre el Tate Britain a la apertura de la exhibición, aunque éste no haya sido el primer museo en exponer queer art y, con un poco de suerte, tampoco será el último.

F5

Deviations to Love, de Carlos Motta (2013). Fotografía de la Galería Filomena Soares.

Ya podían encontrarse ejemplos parecidos, más modernos, el año pasado en Nueva York que exploraban las obras del queer art en la década de los setenta y ochenta; desde la exposición de Félix González-Torres en la Andrea Rosen Gallery hasta la de Nan Goldin en el MOMA, Hilton Als en el Artist’s Institute… Y encontramos también ejemplos aún más actuales (en los trabajos de artistas como Catherine Lord, Carlos Motta, Charlotte Prodger, James Richards, Prem Sahib o A. L. Steiner) que justifican que el queer art, a día de hoy, sigue existiendo, y es más necesario que nunca: porque esta desigualdad sigue aún muy presente en nuestra sociedad y hay que seguir luchando por la justícia en términos de género y sexualidad, aunque sea a otro nivel y a golpe de cámara, o de pincel.

Share on FacebookTweet about this on TwitterPin on PinterestShare on Google+Share on TumblrEmail this to someone
  • newsletter & social

  • advertisement

También te puede interesar.

Captura de pantalla 2017-05-23 a la(s) 17.14.30
Martes, mayo 23rd, 2017

los haikus de estantería, ¿se ha reinventado la poesía?

- ART Books CULTURE -
Captura de pantalla 2017-05-22 a las 10.50.30
Martes, mayo 23rd, 2017

reskate vestirá de arte el ayuntamiento de Gracia

- Agenda ART EVENTS Streetart -
Captura de pantalla 2017-05-22 a las 12.52.32
Lunes, mayo 22nd, 2017

el paso instantáneo de blanco y negro al color, cada vez más cerca

- ART Photography -