A la artista Meghan Boody (Nueva York, 1964) le persigue el adjetivo de “rara” y entre otras cosas es porque en vive n su apartamento neoyorquino con una la reproducción de una niña muerta encerrada en una vitrina. Ella se dedica al fotomontaje y el collage en un imaginario que es a partes iguales Alicia en el País de las Maravillas y cómo ser John Malkovich.
Siguiendo con su apartamento, parece que está lleno de habitaciones secretas y en una de ellas hay una jaula llena de musgo con ratones mordisqueando un cuerpo de silicona…ahí es nada! Dejando “extrañas extravagancias” a un lado, se trata de una artista de reconocido prestigio que crea fotografías manipuladas y esculturas multimedia de niñas y mujeres jóvenes en situaciones un tanto “terribles”. Sus temas suelen tratar sobre adolescentes que constantemente tienen que tomar decisiones acerca de quiénes son, y deshacerse de las trampas de la infancia para convertirse en la mujeres adultas. Se ha llegado a catalogar su obra, no sabemos si con demasiado acierto, como “Realismo Mágico”. Sus cuadros cuentan historias fantásticas de la experiencia femenina y tratan de explorar el desierto del subconsciente y el tumulto que interviene en la esa transformación psicológica.



































