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review: ron barceló desalia 2016, una semana en el olimpo

Martes, marzo 1st, 2016 | T: lamono

Una semana. Una semana he tardado para volver a la normalidad, acoplarme de nuevo a la realidad. Después de semejante experiencia, ahora sólo quiero ron y playa, pero hay que volver a la junga de cemento, asfalto y al frío invierno. Como os decía, ha sido duro regresar. Aún tengo flashbacks nostálgicos del Caribe, su mar turquesa, arena blanca e impoluta, hecha de millones de conchas pulverizadas, esa que no se pega a la piel ni se calienta por más sol que reciba. Flashbacks de fiestas donde el ron Barceló fluía sin cesar y las noches no parecían terminar. Quiero volver, quiero estar en aquel paraíso, una vez más y para siempre. Para aquellos que no saben de qué estoy hablando, todo empezó un lunes de madrugada. Dejé Barcelona rumbo a Madrid para así embarcarme a Punta Cana, República Dominicana; lamono Magazine fue invitada a cubrir el festival Desalia 2016. En un principio no sabía qué esperar, iba a estar solo, no conocía a nadie, todos iban a ser rostros nuevos, pero ya en el aeropuerto de Madrid, me di cuenta de que iba a ser una experiencia inolvidable. Ocho horas de vuelo con la emoción a flor de piel para llegar al cielo: habitación con terraza y una pulsera que me daba acceso al paraíso. Entonces, las puertas del Edén comenzaban a abrirse de par en par. T: Felipe Duarte

http://www.viveahoradesalia.com/

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Vive Ahora Desalia

El primer día lo pasamos en la playa, conociéndonos, bebiendo ron y preparándonos para la primera fiesta oficial que nos tenían preparada. Coco Bongo, ese es el nombre de la discoteca, y para qué vamos a mentir: es increíble. Llegamos, mesa privada en un balcón con vista al escenario y a bailar. Toda la noche estuvo genial, pero tengo que destacar los espectáculos que tenían montados. Pasando por una reinterpretación del musical Chicago, a un tío que nos hizo creer que Freddy Mercury no ha muerto, llegando a un cuarteto que interpretó ‘Lady Marmalade’ como si Christina Aguilera, Lil’ Kim, Mya y Pink estuvieran allí . De show en show, y de copa en copa, llegamos a las seis de la mañana, el último bus de regreso al hotel se iba a ir y al día siguiente tocaba madrugar para visitar el museo del ron. No todo va a ser fiesta, hay que culturizarse un poco. Llega el miércoles, me despierto aún asumiendo dónde estaba y me visto corriendo para no perderme la visita al museo del ron con la idea de descubrir cómo se elabora la bebida que reemplazará el agua durante esta semana tan intensa. Apenas llegamos, lo primero que hago, como para estabilizar mis signos vitales, es beberme una copa de ron; estamos en el Caribe, y el ron significa el comienzo. El comienzo de la noche, de la fiesta, de celebrar que estamos aquí. Allí, en aquel sitio, nos mostraron cómo, a partir de la caña de azúcar, se fabrican los diferentes tipos de ron que ofrece Barceló, una actividad didáctica que nos enseñó a conocer los entresijos de este elixir dorado. Aquel que enamoró a Hunter S. Thompson no muy lejos de aquí.

Desalia

Salimos de allí camino a Salvaleón de Higüey para participar en una de las actividades más interesantes de la semana. El colectivo Boa Mistura estaba haciendo una intervención espectacular, de esas que, si se llegan a generar en masa, podrían cambiar al mundo para bien. Estos chicos, que además de tener talento son supremamente sencillos y simpáticos, llevaban una semana allí, en este pequeño pueblo, donde la pobreza reina, regenerándolo a través del arte. Su proyecto se enfocaba en unas casas únicas en el mundo: las victorianocaribeñas. Éstas, muy elegantes durante los años de su concepción, cayeron en la desgracia y, hoy en día, las pocas que quedan están camino a desaparecer. La pobreza que asota a Higüey, y a la mayoría de Sudamérica, ha llevado a sus dueños a derribarlas cuando se empieza a pudrir la madera en la que están hechas, y en su lugar, ellos mismos construyen unas edificaciones que se asemejan más a las favelas de Río de Janeiro. Casas hechas a retazos, inseguras y nada estéticas, pues su planificación es inexistente. Con Ron Barceló como mecenas, se logró llevar a cabo este proyecto de desarrollo social y cultural para darle vida a un barrio que desgraciadamente vive deprimido en esta paradisíaca isla. Allí, todos los asistentes tomamos un pincel y pusimos manos a la obra (de arte). Lo pasamos genial pintando un mural tan orgánico que esperamos le dé vida, y ponga una sonrisa en la cara de cada uno de los habitantes de este barrio. Convirtiendo dichas casas en lienzo, se logró dar un aspecto nuevo a la zona. Y aunque por cuestión de tiempo y recursos no se pudo regenerar todo Higüey, se sembró una semilla que puede llegar a crecer y hacer que los habitantes se vuelvan a sentir orgullosos de sus viviendas y su comunidad. Terminamos el día con una sonrisa en la cara.

Boa Mistura

Al día siguiente visitamos Saona, una isla a una media hora en lancha de Punta Cana. Pero lo mejor fue que cambiamos esa media hora en lancha, por un viaje de hora y media en catamarán. Nos metimos de lleno en el papel: reggaetón a todo volumen, un paisaje que nunca se ha visto en Europa y cada uno de nosotros volviéndonos a encontrar con el ron. Mientras todos bailabamos bajo el sol caribeño, abrimos el apetito para llegar a la isla a comer lo que nos ofrecían los isleños. Disfrutamos de un gran almuerzo, un baño en ese mar que jamás estará frío, para luego visitar unas hermosas piscinas naturales en la mitad del camino entre Saona y Punta Cana. Mar azul turquesa sobre unos bancos de arena que hacían de hogar para estrellas de mar que paseaban por nuestros pies. De regreso nos subimos al bus y camino al hotel. Tocaba arreglarse y cenar, pues esa noche había otra fiesta. Y es que en Desalia es tan importante lo que ocurre de día, como de noche. Cuando el ron corre, los secretos salen a bailar.

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El viernes nos dio la bienvenida con el verdadero preview de lo que sería la gran fiesta del sábado: una pool party en el Club Pearl donde pincharon algunos de los artistas principales del cartel. Después de la sesión de la influencer Dulceida, quien inició la fiesta, llegaron las Crush DJs para subir el nivel. Con una sesión light y llena de hits, pusieron a todo el mundo a bailar. Para ser honesto, yo las esperaba algo escéptico. Para los que no saben de quién les hablo, se trata de la modelo Cristina Tosio y la DJ Katy Sáinz, quienes se unieron hace unos años para formar un dúo que se ha paseado por toda España con una onda que apunta hacia el house y el techno. Cuando hablé con ellas me dieron pistas de cómo crean sus hits. “Nosotras tenemos un estilo y un gusto musical bastante parecido”, me contó Cristina, “es por eso que la fusión nuestra funciona tan bien. Nosotras no conectamos con el EDM, o el Dub en su día, el Progressive tampoco nos gusta. Somos más de tech-house, de techno, house incluso, nos gusta el house bailongo, o el rollo de Solomun, que está pinchando y de repente te mete un tema clásico que no es electrónica, como la de LCD Soundsystem: ‘You Wanted A Hit…’ Esa fusión así de DJs que de pronto te la cuelan, mola un montón. Eso nos gusta mucho. De hecho nosotras lo hacemos también”. Y así fue, pues a lo largo de su set colaron un tema grandioso del que todavía me acuerdo: ‘The Sound of Violence’ de Cassius, y ese fue el momento exacto en el que el público se entregó en cuerpo y alma a sus beats. La pasión de esta dos mujeres contagió a los asistentes: todos estábamos moviendo la cabeza en un tipo de comunión mientras la brisa y el sol bailaban en el aire. Katy ya me lo había dicho antes: “La música electrónica es un género distinto. Mi padre que es músico, dice que estamos locos porque es música como de neardentales, de monos. Lo oye como ruido, así que en el fondo si escuchas techno por ejemplo, parecemos que todos estamos ahí como masas, botando, vibrando, con unos sonidos y unos ritmos. En realidad, yo lo que creo es que la música electrónica te hace vibrar o te eleva de otra manera a como lo hace el rock o el pop, las sevillanas o el reggaetón, te da un ‘feeling’ muy distinto”. Y es así cómo demostraron que saben de esto. Gracias a su formidable set, el público quedó caliente y listo para lo que seguía: Carlos Jean. El madrileño logró armar otra sesión genial para seguir sumando a lo que ya habían hecho las Crush. Continuaron Albert Neve, Abel Ramos y cerró la noche Alexander Som. Hacía mucho que no lo pasaba tan bien un viernes.

Crush DJs

El tan anhelado final llegó con su sabor agridulce: sábado 20 de febrero. Lugar: Playa Cabeza de Toro. Cinco mil personas, todas vestidas de blanco, listas para disfrutar del evento principal. Tras la apertura hecha por Kiido, del Nap Team, llegaron de nuevo las Crush DJs, que esta vez tenían preparado un set un poco más dark que hacia juego con la noche. Un set que me recordó por momentos al gran Nicolás Jaar, creando esa resonancia emocional y rítmica tan propia del deep-house. Supersubmarina llegó después, tirando en otra dirección sin disminuir la fiesta y luchando contra la lluvia. Lograron mantenerse sólidos, con un pop-rock que hizo a los asistentes corear y bailar con sus impermeables mientras las palmeras se balanceaban de un lado a lado por el fuerte viento tan característico de la isla. A ellos los siguió Najwajean, el dúo conformado por Najwa Nimri y Carlos Jean, quienes con su onda densa y oscura pero al mismo tiempo melódica, lograron meterse por los huesos hasta llegar a lo más hondo posible, allí donde el ritmo se hace incontenible; desde mi punto de vista se llevaron el galardón a mejor presentación de la noche. Quedé realmente impactado con su propuesta. Siguieron Abel Ramos y Albert Neve con un set bastante similar al de la pool party, para mantener al público comprometido.

Najwajean

Fue en ese momento cuando fui al backstage a hablar con Thom Jongkind, quien estaba representando al dúo Blasterjaxx, uno de los cabezas de cartel de la fiesta. Diez minutos antes de que subiese al escenario me senté con él a discutir un poco lo que tenía preparado para la noche. Me sorprendió ver lo relajado que estaba, momentos antes de presentarse ante cinco mil personas. “Algunas veces siento nervios, pero eso es bueno. Aunque generalmente me pasa en presentaciones más grandes, como para los EDCs (Electric Daisy Carnival). En festivales como éste me emociono mucho, siento la buena energía de la gente y eso me pone de buen humor”. Su rollo, a diferencia de las Crush, es completamente EDM (Electronic Dance Music) con temas como “Where we go”, “Fifteen” o “Faith”. Aunque para este festival tenía preparado algo diferente, no es un tío al que le guste repetir y echar mano de sus hits pasados. “En este festival el rango de edad es un poco mayor al que estoy acostumbrado, lo que es genial, porque me permite tocar temas diferentes. En ocasiones como esta preparo mi set utilizando un poco de cosas viejas, pero muy poco. Intento evitar los build-ups básicos, así que la mayoría de mis canciones son re-editadas, y a partir de ahí interactúo con la audiencia. Por ejemplo, para Sudamérica, busqué temas que la gente conociera, así que tengo listo un mash-up de Elvis Crespo. Vamos a ver si lo pincho, puede ser divertido. A la gente le encanta escuchar canciones que conocen. Intento basar mi set con la información que tengo y lo voy construyendo en directo, así que casi nunca suelo saber qué voy a pinchar, sólo conozco mi canción de introducción. Muchas veces ni sé con qué voy a cerrar”. Su set estuvo a la altura y mantuvo el nivel necesario para dar paso al back-to-back con el cual cerraron la noche Alexander Som y JP Candela. Una fiesta digna de culminar una gran semana y con la cual llegamos al domingo destrozados, pero muy felices.

Blasterjaxx

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En realidad yo lo que creo es que la música electrónica te hace vibrar o te eleva de otra manera a como lo hace el rock o el pop, las sevillanas o el reggaetón, te da un ‘feeling’ muy distinto

La resaca la pasamos en el hotel, con un día de lluvia, cliché de domingo; tocaba hacer balance de todo lo vivido. Así nos despedimos de este paraíso terrenal que se añora cuando se está en la ciudad. Con la esperanza de repetir, soñamos ya con el Desalia 2017, que seguro tendrá para su décima edición un cartel por todo lo alto. Y a quien tenga la oportunidad de ir, le digo algo desde la experiencia: prepárate para la que será, con toda seguridad, la mejor semana de tu vida.

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