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#lamonoCHATS: maja daniels, la importancia del hogar

Miércoles, noviembre 23rd, 2016 | T: lamono

Maja Daniels es una fotógrafa sueca que partió rumbo a Paris a los 19 años, dejando atrás sus orígenes en busca de historias comprometedoras y con ápices sociales para así poder llenar su curiosidad. Su trabajo, enfocado en las relaciones humanas y los entornos contemporáneos, intenta dictaminar y dar luces sobre lo que es, hoy en día, el mundo en el que vivimos. La sociología es su marco de referencia, y en todos sus trabajos siempre encontraremos parte de ella, de su identidad, la cual se da la mano con sus sujetos, gracias a las relaciones duraderas que logra establecer con ellos. Sus imágenes de Christiania nos cautivaron, nos mostraron un concepto diferente de hogar, una manera de vivir, y aunque esta comunidad ha cambiado desde el 2009, año en el que Maja realizó las imágenes, su archivo siempre estará disponible para futuras generaciones, todo gracias al trabajo de esta fotógrafa y socióloga que conoce la importancia que tiene el hogar sobre la identidad de cada uno. T: Felipe Duarte

www.majadaniels.com

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Tus trabajos y proyectos fotográficos documentan historias, por ejemplo: Drawing the Line – Abrahams Path in Palestine, River Valley Vernacular o el archivo sobre Christiania; ¿te consideras una fotógrafa documental o esto limitaría tu práctica? Mi inspiración para trabajar viene de la vida real, de eventos y encuentros reales. Mi trabajo suele tener un proceso de investigación donde empleo métodos sociológicos, pero igualmente me mueven las emociones, las fantasías, los encuentros fortuitos y las sorpresas inesperadas. Busco inspiración en la vida cotidiana, en las historias fascinantes o en una motivación que me lleve a comentar y criticar la manera en la cual funciona el mundo hoy en día. Crear historias es mi manera de tener una oportunidad de involucrarme con, reaccionar a, y comentar sobre temas específicos, pero también es lo que me brinda la oportunidad de ver ciertas realidades de una manera diferente y cuestionarlas. Jamás podría ser una simple mosca sobre la pared. Mi trabajo se trata de crear relaciones duraderas, afectar y ser afectada a medida que el trabajo evoluciona. No me considero una fotógrafa documental y no veo la necesidad en tener que etiquetarme a mí misma o el trabajo que realizo de esa manera. Veo mi obra como una narrativa personal y comprometida donde se me permite mover y ser (con)movida. Mi trabajo también incluye sonidos, imágenes en movimiento, archivos y material en vídeo que encuentro. Combino estos medios de la misma forma que utilizo la sociología para contar una historia.

Para poder retratar de manera honesta aspectos sociales como la situación en la frontera palestina, la realidad dentro de una institución de pacientes con Alzheimer, o la existencia de una comunidad independiente dentro de un país, es necesario ganarse la confianza, tanto de los sujetos como de las comunidades, ¿cómo llegas a hacer esto y lograr que las personas se abran a ti? Tiendo a trabajar muchos años en cada proyecto, así las relaciones pueden evolucionar naturalmente con el paso del tiempo y tengo la oportunidad de responder a mis propias impresiones y experiencias. No busco simplemente volver a contar la experiencia de alguien más, yo también busco vivir algo, para así poder crear cierto tipo de entendimiento y progresar como ser humano. Trabajar así significa que la historia siempre cambiará a lo largo del tiempo, y eso me gusta. Me brinda la posibilidad de digerir y reflexionar sobre la dirección que está tomando el proyecto antes de que termine. La fotografía en sí me parece un acto agresivo, por lo que intento buscar maneras en las cuales colaborar con mis sujetos. Me siento mucho más cómoda si, al fotografiar, puedo crear algo como parte del proceso que sea significativo tanto para el sujeto como para mí. Fotografiar a otras personas viene con una responsabilidad, aunque no creo que sea posible que el sujeto se llegue a sentir del todo representado con el trabajo. El trabajo que yo hago está anclado en su historia, pero se trata tanto de mí como de la persona que está frente a la cámara. Intento dejar muy clara esta tensión a mi sujetos, y creo que cuanto más hablamos de ella, es más fácil, para el sujeto y la audiencia, entender el proceso.

Como has dicho en entrevistas pasadas, desarrollar e incluso empezar tus proyectos toma tiempo, por ejemplo te tomó un año obtener todos los permisos necesarios para empezar a trabajar en Oblivion, y más de un año para que Mady y Monette te permitieran fotografiarlas. ¿Esto te frustra o, por el contrario, te ayuda a desarrollar más a fondo la idea? Como dije anteriormente, el tiempo es importante cuando trabajo. Muchos de mi proyectos dependen de obtener acceso a lugares específicos o desarrollar relaciones con comunidades específicas. Hacer este esfuerzo de demostrarles a las personas que estoy dispuesta a invertir mi tiempo con lo que ellos están viviendo es importante para construir una relación genuina, y en el proceso, puedo investigar y aprender más sobre el panorama, eso luego me ayuda a decidir en qué enfocarme visualmente.

Muchas veces, gracias a las fotografías, podemos notar cosas que pasaron desapercibidas en el momento en cual que se tomaba la foto, haciendo, como tú lo has dicho, de la fotografía, una herramienta importante para estudios sociológicos. ¿Cuál crees que es la mejor manera de analizar imágenes? Hay dos maneras de ver esto. Qué puede hacer la fotografía por la sociología y qué puede hacer la sociología por la fotografía. Para el trabajo que yo realizo, tiendo a pensar más en términos de qué puede hacer la fotografía por la sociología. Principalmente, la sociología me da el valor de comprometerme con historias que hablan del mundo, dado que fortalece la complejidad dentro de las situaciones y me ayuda a contextualizar y entender lo que estoy viendo y de lo que estoy siendo partícipe. Sin embargo, creo que la teoría por sí sola puede ser incluso limitante, puesto que tiene una audiencia estrecha y sólo existe dentro de un contexto específico, pero la fotografía puede abrir temas sociológicos a una audiencia más diversa y amplia. Y, ya que la fotografía como medio permite una tensión interesante entre ‘realidad’ y ‘ficción’, yo me siento más cómoda comunicando con imágenes, pues no quiero intentar contar verdades o limitar a personas o eventos a números o teorías. Me quiero comprometer con el mundo ‘real’ de una manera más personal y creativa. En términos de lo que la sociología puede hacer por la fotografía, hay muchas maneras de analizar imágenes que pueden abrir posibilidades para debatir estereotipos y actitudes generalizadas en el mundo, especialmente si el fotógrafo se encuentra enriquecido por un vínculo y un contexto relevante. Estos aspectos también son parte importante del trabajo que yo hago y pueden ofrecerle valor y profundidad. A menudo estamos tan metidos en lo que estamos viviendo que nos es difícil ver lo que está sucediendo alrededor nuestro. Una fotografía nos permite parar y pensar.

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Christiania ser creó cuando un grupo de personas se unió para ocupar un pedazo de tierra en el centro de Copenhague como una forma de protesta en contra de la noción de tener que ‘comprar el derecho a tener un hogar’

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Enfocándonos en las imágenes sobre Christiania, ¿qué fue lo que llamó tu atención sobre esta comunidad? Al ser de Suecia, me pareció fascinante descubrir un sentido tan organizado y desarrollado de rebeldía en Escandinavia, en el corazón de Europa del norte, lugar conocido por ser el hogar de sociedades muy obedientes. Creciendo en Suecia, me parecía frustrante la manera en la cual, a menudo, aceptábamos las reglas y las regulaciones a ciegas. Cuando me mudé a París a los 19 años, me hice amiga de varios daneses que me presentaron Christiania, una sociedad alternativa tan cerca de casa, y mi interés en vivirla en persona creció.

En Christiania ocurren algunas actividades ilegales, como el comercio de drogas. ¿Cómo puede una comunidad así ofrecerle seguridad a sus residentes y visitantes? Mi intención nunca fue presentar a Christiania como una sociedad perfecta. Simplemente me pareció un ejemplo sorprendente de un grupo de personas que había decidido no conformarse con algunas de las normas de la sociedad relacionadas con el capitalismo y la propiedad privada, y esto promovió mi curiosidad. No soy vocera del lugar y no tengo ninguna opinión sobre cómo deberían brindarle seguridad a sus visitante o residentes.

Desde que llevaste a cabo tu proyecto allí, la situación ha cambiado, y ahora los residentes han comprado los terrenos que alguna vez ocuparon; ¿crees que esto cambia por completo el ideal por el cual se originó en un principio esta comunidad? Christiania ser creó cuando un grupo de personas se unió para ocupar un pedazo de tierra en el centro de Copenhague como una forma de protesta en contra de la noción de tener que ‘comprar el derecho a tener un hogar’. Cuando, en el 2011, la comunidad se vio forzada a comprar la tierra del gobierno, esta lucha inicial llegó a su fin en ciertos aspectos, dado que los residentes ahora cumplen efectivamente con las normas sociales sobre la propiedad privada y de tierra. Sin embargo, más de 700 residentes decidieron formar un fondo (o una asociación de vivienda) para hacer la compra, y así seguir manteniendo el área como una sociedad alternativa de propiedad común.

En muchos de tus proyectos, el concepto de hogar es examinado, por ejemplo en Christiania se presenta de una manera alternativa, en Oblivion, hogar es un hospital geriátrico. En términos sociológicos, ¿qué importancia tiene la noción de hogar para ti? La herencia, a menudo relacionada con la construcción de identidad y las relaciones humanas, juega un papel importante en todos los proyectos que realizo, y la noción de ‘hogar’ es, por supuesto, una gran parte de la idea que todos tenemos sobre nosotros mismos. Hasta ahora me he enfocado en contar las historias de otras personas, pero en los últimos años he sentido la necesidad, cada vez más creciente, de acercarme a casa e incluirme en las historias que decida contar. Con mi más reciente proyecto, el cual continúa en proceso, River Valley Vernacular, estoy regresando a ‘casa’, a Suecia, después de diez años de vivir y trabajar en el extranjero. En este trabajo estoy estudiando la importancia que un pequeño lenguaje a punto de desaparecer, el Elfdalian (la lengua nativa de mis abuelos), puede tener para una comunidad rural donde las negociaciones y las tensiones entre los estilos de vida modernos y la tradición, representan una lucha contemporánea importante, pero a veces invisible, que sucede lejos de las grandes ciudades. Este intento de mover mi práctica más cerca de casa es un desarrollo natural y muy importante para mí y para el futuro de mi trabajo. El realizar este trabajo en Suecia me ha permitido sellar el vacío que se había creado en el pasado entre mis orígenes y mi práctica artística.

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