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#lamonochats: gus powell, instantes de realidad aderezados con palabras

Martes, junio 14th, 2016 | T: lamono

Un mítico Lincoln americano se encuentra en medio de la calle. Permanece inmóvil mientras un denso humo lo rodea. El conductor mira hacia el vacío. En lo alto, un semáforo en ámbar y una señal que grita “No turn” anuncian la limitación de opciones. Y para complementar la imagen, al margen, una corta pero contundente frase escrita sobre un simple fondo blanco pone el broche que en este caso inicia la historia: “Yo no pienso demasiado acerca de la felicidad”. Esto es solo un ejemplo de lo que es en esencia Gus Powell. Honesto, elegante, sensible, cautivador. Siempre buscando a 1 m. y 98 cm. de altura ese personaje, esa actitud o esa escena diferente en medio de la cotidianidad de las calles de Nueva York. Basándose en referentes como Joel Meyerowitz, Garry Winogrand o Joel Sternfeld para reflejar un mundo real y a la vez extravagante que lleve al espectador y a él mismo un paso más allá. Porque de eso precisamente es de lo que trata su fotografía, de dar pasos, uno tras otro, hasta que de repente, en un instante, todos cobran sentido y se convierten a través de la lente de Gus en un reflejo de la vida contemporánea al que no le queda más remedio que pasar para siempre a la historia. T: Lorena Pedre

www.guspowell.com

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Gus Powell, "Yes."
From the series The Lonely Ones, 2015

Levitra online Tu padre era director de cine, ¿viene de él tu gusto por la imagen? Mi padre, Peter Powell, era cineasta y realizador. Él me enseñó a usar la cámara con placer e irreverencia, también un gran amor por la gente y sus historias. Pero la verdad es que mi gusto visual me vino más por parte de mi madre, que era diseñadora de moda y una mujer que aportaba un valor estético a todo lo que tocaba. Fue con ella con quien por primera vez caminé por las calles de Nueva York y empecé a señalar todas las cosas que captaban mi atención. Señalar es como la fotografía pero sin cámara.

Tus primeras fotografías conocidas son en blanco y negro, al igual que las de algunos de tus referentes como Robert Adams y Koudelka. En realidad mis primeras fotos fueron hechas con la Polaroid SX70 de mis papá. Eran fotografías a color desde un ángulo bajo en las que retrataba las fiestas que ellos hacían. Luego, cuando empecé a estudiar fotografía y hacer verdaderas fotos, fue en blanco y negro, pero la única razón tras ello es que eso era lo que te enseñaban. Es verdad que tuve un periodo en el que veía las cosas en blanco y negro, pero fue breve. Nunca he sido una persona de fuertes contrastes ni dramática. El color, su descripción completa de la experiencia, todos sus tonos grises apagados, siempre me ha convenido. Si algo, el blanco y negro no fueron más que el breve comienzo de mi aprendizaje. Hay ciertos fotógrafos como Robert Adams, y más recientemente Marcos Steinmetz, que me hacen soñar, un poco, en blanco y negro.

De tus inicios aún mantienes, en algunas series, el uso del carrete e imprimes tu mismo tus imágenes, ¿qué aporta esto al resultado final de tu trabajo? El proyecto ‘The Lonely Ones’ fue hecho enteramente en formato medio analógico, mientras lo llevaba a cabo trabajaba a la vez para clientes editoriales y comerciales con una cámara digital de pequeño formato. Esto me permitía ver cosas que me eran imperceptibles cuando trabajaba en formato digital, en donde debía recurrir únicamente a las sensaciones que me proporcionaba la experiencia. Ahora hago casi todo mi trabajo en digital. Aunque tampoco estoy demasiado apegado a este formato. Me produce buenas sensaciones, confianza e incluso cierto tipo de misterio. La historia de la fotografía es una historia que ha avanzado gracias a la tecnología. Me interesa cómo las imágenes pueden traducir y transformar momentos en historias y nuevas sensaciones, los detalles tecnológicos no me llaman mucho la atención.

Naciste y has vivido toda tu vida en Nueva York, ¿crees que las peculiaridades de esta ciudad han influido tu trabajo y, especialmente, en que acabaras haciendo street photography? Tengo claro que soy quien soy y miro de la manera en que lo hago porque soy nativo de Nueva York. Incluso, empecé a hacer street photography antes de saber cómo se llamaba este tipo de fotografía. Si me hubiera criado en la misma familia pero en un lugar diferente, estoy seguro de que sería una persona distinta, y desde luego mi camino como artista y fotógrafo no hubiera sido el mismo.

¿Qué retos supone hacer fotografía de calle? ¿Hay más ahora que hace unos años? Siempre habrá nuevas fotografías que hacer. La vida en el espacio público sigue cambiando. El gran escritor estadounidense Jonathan Franzen ha afirmado que hemos pasado de una cultura de nicotina a una cultura celular. Cuando leí esto, inmediatamente pensé en cómo ahora, a diferencia de hace 20 años o incluso 10, se ven los cuerpos en el espacio público. Tantas caras mirando hacia abajo, inmersas en sus teléfonos, caminando como zombis, encerrados en sí mismos. No es que prefiera ver a la gente fumando, pero al menos éstos se pierden en sus propios pensamientos mientras levantan sus barbillas y dejan que una cortina de humo los envuelva. Incluso se piden fuego unos a los otros. Antes de que todos estos dispositivos llegasen a nuestras vidas nos movíamos por el tiempo y el espacio de una manera diferente. El cambio es notable. El desafío es hacer imágenes que sigan la gran tradición del street photography, y además construir sobre ella. Para mí se trata de un intento por abrazar la ambigüedad y la poesía en medio de la realidad.

Tus imágenes son honestas, tienen un toque elegante y una sensibilidad peculiar, ¿crees que buscar situaciones íntimas en medio de las bulliciosas calles de NY es lo que te ha ayudado a vestir tu obra con ese aura? A mí me gusta tener mis propios momentos privados en el espacio público, quizás por eso busco a otros que estén teniendo esos mismos momentos. Cuando no puedo encontrarlos, intento crear una escena que transmita este tipo de sentimiento. Me gusta la idea de ver un secreto que puede ser compartido o, al menos tal vez, presenciar un secreto que no será compartido.

Normalmente tus fotografías no se centran en un único personaje, sino en el conjunto de elementos, el espacio entre ellos, las luces y sombras, cómo se plasma la vida en el espacio urbano, que a fin de cuentas es lo que cuenta la historia. ¿Cómo consigues transmitir lo que quieres sin controlar la escena y los personajes que finalmente protagonizarán la fotografía? ¿Es esa precisamente la magia? Cuando fotografío no tengo el control de la misma manera que lo tiene un realizador o alguien que trabaja siguiendo el estilo de Gregory Crewdson, pero sí controlo absolutamente las cuatro esquinas de mi encuadre. Espero, deseo, anhelo y, finalmente, hago las fotos. A pesar de no salir a la calle con un plan específico, sé lo que quiero cuando está sucediendo y también sé cómo abrirme y sentir lo máximo posible. Lo que más me gusta de la fotografía es el momento en el cual estoy mirando por el visor y disparando. La parte que le sigue es más ardua. Hacer las fotografías es ediatr la experiencia. Hay magia allí. Editar las imágenes que uno ha hecho es crear una nueva experiencia. Es ahí donde se lleva a cabo una gran parte del trabajo duro.

Gus Powell, "We are here to make you happy." From the series The Lonely Ones, 2015

Gus Powell, “We are here to make you happy.”
From the series The Lonely Ones, 2015

Gus Powell, "Ungrateful bastards." From the series The Lonely Ones, 2015

Gus Powell, “Ungrateful bastards.”
From the series The Lonely Ones, 2015

Gus Powell, "Flattery gets me nowhere." From the series The Lonely Ones, 2015

Gus Powell, “Flattery gets me nowhere.”
From the series The Lonely Ones, 2015

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El desafío es hacer imágenes que sigan la gran tradición del street photography, y además construir sobre ella. Para mí se trata de un intento por abrazar la ambigüedad y la poesía en medio de la realidad.

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Una de tus series más fascinantes es ‘Lunch Pictures’, ¿la idea surgió puramente de leer los poemas de O’Hara o hubo alguna otra influencia? Ya llevaba un tiempo tomando fotografías en la calle, pero éstas aún no tenían un foco de atención o un principio de organización. No eran más que observaciones. Cuando llegó a mis manos el libro ‘Launch Poems’ de Frank O’Hara fue como si me diesen una licencia diciendo: sal al centro de Manhattan al mediodía y trata simplemente de sentir algo, cualquier cosa, con eso será suficiente. Eso me permitió tener respeto por lo que estaba viendo (sin importar lo pequeño o lo grande que fuera), como por lo que estaba sintiendo.

Tal y como comentas, casi todas las imágenes de esta serie fueron hechas durante tu hora de comer en el centro de Manhattan. Unos días tenías horas y otros, minutos para hacerlas, ¿cómo influyó esta limitación de tiempo en la serie? Estoy convencido de que la limitación de tiempo y espacio me empujó a ver más en menos. Algunos días encontraba algo significativo, como un beso o una caída, pero a menudo simplemente se trataba de gente de camino en la calle. Tampoco fue una misión imposible, las calles de Nueva York son increíblemente generosas y fértiles para sacar fotos, pero tenía que estar listo para presionar el botón en todo momento. Tenía que estar dispuesto a decir SÍ rápidamente.

Pero sin duda, la serie por la que siento predilección es ‘The Lonely Ones’, ¿cuánto influyó el libro homónimo de Willian Steig en que te decidieras a hacerla? ¿Fue antes o después de empezar a disparar alguna de las fotografías? La mayor parte de las fotografías de ‘The Lonely Ones’ fueron hechas antes de que supiera que se convertirían en ‘The Lonely Ones’. Ninguna de ellas se inspira directamente en el libro, pero como artista a mí sí me ha inspirado William Steig y su ‘Lonely Ones’. Yo quería hacer algo que transmitiera la misma sensación que su obra. Había estado llevando conmigo su libro a todas partes durante unos meses, a la vez que estaba tratando de encontrarle un “hogar” a todas las imágenes de película que estaba haciendo, las cuales eran diferentes a las de ‘The Lunch Pictures’ y ‘The Company of Strangers’. Luego un día tuve la idea de que quería cantar las canciones de William Steig. La primera versión que hice fue un conjunto de mis imágenes pegadas en una copia de su libro.

Cada fotografía de esta serie está emparejada con un texto sugerente que incita a un diálogo entre el autor consigo mismo y el lector, ¿cómo y cuándo surge la frase que acompaña a cada imagen? Al principio intenté utilizar el texto original de William Steig, pero sus herederos no lo aporbaron. Cuando la viuda de Steig, Jeanne Steig, me dio esta noticia sugirió que tal vez los textos deberían de ser de mi propia cosecha. Me decepcioné y dejé el proyecto a un lado. Luego, poco a poco, volví a él. Empecé a escucharme y a los demás. Comencé a capturar el lenguaje de la misma manera que capturo fotografías. Hice largas listas. La secuencia de las imágenes se estableció con bastante rapidez. Había vivido con ellas durante mucho tiempo. Y luego los textos empezaron a caer en su lugar. La voz, el humor, la ambigüedad y la magia se filtraron por sí solos.

En el libro de bolsillo que has creado para publicar la serie, este texto aparece antes de la imagen y ésta se debe de descubrir abriendo un pliegue, ¿qué intención se esconde detrás de ello? Algunos de los primeros trabajos buenos que hice en la universidad combinaban imagen y texto. Por “buenos” no me refiero a que fueran extraordinarios, pero eran lo más cercano a “honestos” que hasta entonces había hecho. Creo que siempre he querido trabajar con imagen y texto. El hecho de que ‘The Company of Strangers’ se inspirase en la poesía de O’Hara lo demuestra. Pero unir texto e imagen es complicado. El texto gana. Muy a menudo en los museos la gente pasa más tiempo leyendo el texto de la pared que observando la obra. El libro ‘The Lonely One pasó por muchos, muchos diseños diferentes. Cuando probé dicho pliegue fue cuando realmente sentí que por fin había encontrado una manera en la que texto e imagen tuvieran su parte de protagonismo, y a la vez trabajaran juntos para conseguir algo nuevo que solo existe en la mente del lector a medida que va pasando las hojas. También me encanta el hecho de que es una experiencia que sólo se puede vivir cuando tienes el libro en tus manos.

¿Qué tan importante crees que es el título para una fotografía? Obviamente me interesa mucho el lenguaje. Mientras estoy haciendo fotografías en las calles de Nueva York encuentro pocas razones para ponerles un título como, “Quinta Avenida, Nueva York, 2016”. Todavía deseo fervientemente hacer straight photography, o fotografía directa, pero me interesa posicionar este tipo de fotografías de una manera más íntima, narrativa, poética y ambigua, de lo que me permite una simple descripción espacio-temporal.

En esta serie has creado un conjunto de imágenes que no están limitadas dentro de contexto espacio-temporal, sino que permanecen conectadas con las emociones y narrativas. ¿Cómo nutre esto a la idea de la soledad? No saber dónde te encuentras y qué hora es, puede hacerte sentir un poco solo, pero también puede ser emocionante. En realidad no sé si estoy tan interesado en la soledad, quizás este no era el título ideal para la serie, pero quería quitarme el sombrero ante William Steig.

Gus Powell, "Mistakes were made." From the series The Lonely Ones, 2015

Gus Powell, “Mistakes were made.”
From the series The Lonely Ones, 2015

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