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entrevista: javier tles, reconstruir la vida

Lunes, abril 18th, 2016 | T: lamono

La vida es una construcción constante. De proyectos personales, de espacios para desarrollarlos, de ilusiones que esperan convertirse en realidad. De la misma forma, cuando un lugar es destruido, sus vidas, de alguna manera, también lo son. El fotógrafo Javier Tles se acercó durante diez días por el Noreste de Japón, justamente la zona que en 2011 sufrió un devastador tsunami y seguidamente un tremendo desastre nuclear en Fukushima. Durante esa semana y pocos días caminó por pueblos que nadie habita desde hace cinco años. Ciudades que aún alternan las luces de sus semáforos regulando ningún vehículo. Plantas que parecen no detener su crecimiento. Detrás de todo este escenario, se encuentran unos ciudadanos que tratan de guardar la tristeza en la intimidad e intentan reconstruir su vida con el imborrable recuerdo del pasado. La vida tiene que ver con los sueños, las ilusiones y el deseo. 10 días en Tohoku muestra y documenta esas ciudades totalmente deshabitadas de sueños, ilusiones y deseos y de todos esos ciudadanos que tratan de recuperar el sentido de levantarse para reconstruir de nuevo la vida. T: David González Díaz

www.javiertles.net/Tohoku

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10 días en Tohoku es el resultado de un viaje por el Noreste de Japón, la zona afectada hace unos años por el  tsunami y, seguidamente, por el desastre nuclear de Fukushima. ¿Cómo se gesta y nace el proyecto? Este proyecto comenzó cuando conocí a Hiroshi Tsunoda, un diseñador japonés que vive en Barcelona, con quien contacté para encargarle un objeto que pensé para hacer retratos, un espejo portátil con el que fotografío a personas. Hiroshi me habló de un evento que organizaba  con otros japoneses para dar voz y recoger ayudas para las víctimas del desastre de Japón de 2011 y yo quise colaborar. Después de vernos varias veces y hablar del tema, sentí que quería colaborar más y decidí desplazarme a la zona afectada para documentar la reconstrucción de lugares y vidas tras una gran catástrofe, fui solamente 10 días pero espero poder regresar para terminar mi proyecto. Ahora estoy buscando apoyos para volver de nuevo a la zona del escape nuclear.

Un viaje y, en tu caso, un proyecto de estas características debe conllevar una carga emocional. ¿Qué sensaciones has experimentado durante tu estancia en Japón y la realización de las fotografías? Tenía mucha curiosidad por ver como los japoneses, que son muy diferentes a nosotros, afrontaban una reconstrucción de ese tamaño, a nivel personal y también espacial y como las personas que habían perdido todo se enfrentaban al futuro. He fotografiado, hablado y compartido con muchas personas en este corto pero intenso viaje y me ha sorprendido mucho su actitud. Ha sido emocionante ver como miran hacia adelante y asumen las perdidas, se adivina una tristeza profunda, parece que no quieren remover demasiado el pasado, siguen la vida con respeto y en silencio.

El proyecto está compuesto por tres partes: “Tohoku”, “El mal invisible” y “Watashi”. ¿Qué destacarías de cada una de las series? “Tohoku” muestra la reconstrucción de dos de las ciudades más afectadas por el tsunami, Kesennuma y Rikuzentakata. “El mal invisible” es un work in progress sobre la zona afectada por el escape nuclear de la Central de Fukushima Daiichi, en esa zona tomé fotos de ciudades deshabitadas, también de personas y zonas naturales personas afectadas. “Watashi” son retratos de afectados por estos dos desastres y que en su gran mayoría aún a día de hoy viven en barracas y con pocas esperanzas de volver a su casa. Esta serie esta hecha con el espejo que diseñamos junto a Hiroshi. Propuse a 50 personas enfrentarse a ellos mismos usando mi espejo. Durante cinco minutos le hacíamos preguntas sobre lo vivido pero también sobre sus anhelos y visión de futuro, mientras ellos se observan y responden yo les tomé fotos para reflejar sus expresiones.

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No fui a Japón buscando la foto bonita, sino a compartir una realidad y para que se comprenda bien los datos fundamentales. Mi idea era recorrer parte de las zonas afectadas y hacer fotos a una cierta distancia, fotografiar de una forma contemplativa

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En ‘Tohoku’ observamos una serie de fotografías tomadas en las ciudades Rikuzentakata y Kesennuma tremendamente azotadas por el tsunami. Todas las imágenes contienen un gran mensaje, sin embargo, has decidido acompañarlas con texto. ¿Es una forma de ahondar más en la fotografía? En esta ocasión, para mí es tan importante el texto como la foto. No fui a Japón buscando la foto bonita, sino a compartir una realidad y para que se comprenda bien los datos son fundamentales, por eso cuando muestro las fotos, el texto pisa la imagen como compartiendo el espacio, no siendo dos elementos separados. Los textos que hemos hecho, al menos para esta exposición, son textos bastante mínimos, casi distantes, a veces solo datos. Mi idea era recorrer parte de las zonas afectadas y hacer fotos a una cierta distancia, fotografiar de una forma contemplativa y relajada algunas de las cosas que me encontraba durante el viaje y que sin ese texto no se entenderían demasiado. No comprendo el porqué de muchas decisiones que han tomado en esta reconstrucción y por eso las muestro y las explico brevemente. Viajé sin saber muy bien que iba a encontrar y con la idea de verlo todo y explicarlo como un mero observador, la distancia es importante en este proyecto.

En “El mal invisible” las instantáneas se van agrupando entre ciudades deshabitadas, personas reubicadas y un Geiger counter que, probablemente, sea uno de los instrumentos más visibles de aquella zona. Las fotografías nos transmiten la calma después de la tempestad. ¿Es el silencio protagonista en aquellos escenarios? El mal invisible es una serie de fotos de los alrededores de la ciudad de Fukushima, a unos 92km de la central Fukushima Daiichi, muestran calma, normalidad, es una zona de mucha vegetación, bosques densos y de árboles variados, es un lugar muy bonito. Toda esa zona siempre fue un lugar de duras batallas, ahora es un lugar tranquilo donde silenciosamente están intentando bajar la radiación moviendo grandes cantidades de tierra y guardándolas en sacos anti radiación, una decisión como mínimo extraña.

Es muy impactante caminar por pueblos donde hace cinco años que no habita nadie. Pero que las farolas se encienden y los semáforos funcionan, donde la vegetación sigue su camino y va enterrando nuestras huellas , pero lo más duro fue comprobar con mi Geiger counter como la radiaciónn está instalada en la vegetación, como una vez más la naturaleza sufre en silencio y está obligada a mutar por nuestros continuos errores y faltas de respeto. A día de hoy mucha gente se sigue marchando de esa zona.

Por último, en “Watashi” la atención se centra en los retratos tomados a los supervivientes. ¿Qué reflexiones extrajiste a partir de su exposición delante de la cámara?  Mi sensación es que todos esos afectados están muy tristes pero no quieren compartir su tristeza, recuerdan pero miran hacia adelante con orgullo. Algunos de ellos fueron críticos pero en general noté que reprimían mucho sus sentimientos, quizás es porque yo soy extranjero y un desconocido, quizás es que siempre actúan así incluso entre ellos.

En 10 días en Tohoku apreciamos una conjugación entre las situaciones de las personas, las circunstancias vitales y una ubicación geográfica. ¿Cómo se consigue aunar estos tres aspectos y trasladar una realidad? Tengo la impresión de haber estado en un lugar donde la fragilidad del ser humano y la fuerza de la naturaleza quedan más que patentes. Fue triste ver como un lugar tan bonito ha sufrido el desastre del escape nuclear y cómo una vez más las empresas han mentido por puro interés y en contra de las personas. Eso es lo mas duro de todo esto, que sigan anteponiendo el dinero a las vidas humanas.

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