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Miércoles, octubre 19th, 2016 | T: lamono

Hay épocas que necesitan una mutación, que por mucho que intentes entenderlas y mirarlas con buenos ojos, siempre encuentras que algo importante está fallando. Son momentos en los que urge un cambio radical, de mentalidad, de costumbres y de contexto. Un cambio que puede llegar por dos vías: la de la lucha y la violencia (que ya hemos visto que es de escasa efectividad), o la de la revolución intelectual. La saturación estanca las mentes. Cuando intentas adaptarte a algo que en el fondo no entiendes ni compartes, acabas por convertirte en un títere sin aspiraciones. Eso es lo que les pasó a muchos a principios del siglo XX, en el contexto de la I Guerra Mundial, y es lo que pasa ahora, que no sabemos ni por lo que luchamos. Hace exactamente un siglo, en 1916, algunos optaron por la segunda vía y así nació el Dadaísmo, una corriente artística que cuestionaba los valores de la época y lo hacía de una forma muy particular. Nos preguntamos si sería posible que se repitiera este fenómeno en la actualidad, si el Dadá sigue vigente y si realmente se entendió el mensaje que sus representantes querían transmitir. T: Vicky Navarro, Foto de portada: Man Ray

www.zuerich.com/en/visit/100th-anniversary-of-dada

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Más que una estética, un estilo o una técnica, el Dadaísmo era una actitud, un posicionamiento ante la vida. Hartos de la hipocresía, las normas de la sociedad burguesa y los valores que habían conducido al caos bélico, un grupo de artistas se unió para llevar el arte más allá del papel, el lienzo o cualquier otro material. Querían romper con los cánones clásicos, cuestionarlo todo y demostrar que existían otras formas de pensar y de existir. Este año se cumple el centenario del nacimiento del Dadaísmo y, aunque han pasado todos estos años y se ha hablado tanto de este movimiento que lo cambió todo, todavía hoy parece que no se ha entendido bien el mensaje.

Era el año 1916, y en la Suiza neutral se concentraban refugiados de toda Europa. Todo surgió en el Cabaret Voltaire de Zúrich de la mano del poeta Hugo Ball, a quien se unieron el escritor Tristan Tzara o el escultor Jean Arp, entre muchos otros. Su posicionamiento era de rechazo a todo esquema anterior, hasta cuestionarse incluso la existencia del arte, la literatura o la poesía. Nacía el antiarte en pro de la libertad, lo imperfecto y lo absurdo y en contra de lo academicista. Era una provocación que tenía como finalidad empezar de cero, eliminar toda lógica de la expresión artística. Para los dadaístas, la poesía estaba en la acción y las fronteras entre arte y vida debían ser abolidas.

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‘Fountain’ (1917), de Marcel Duchamp 

“Si estas atrocidades salieron de la cabeza de un pensante, entonces dejemos de ser razonables”, decían los dadaístas, refiriéndose al momento histórico que se veían obligados a vivir. Y así es como rompían con la realidad en busca de una ética superior. Pronto tendrían gran repercusión. Uno de los grandes precursores del Dadá fue Marcel Duchamp, que con su obra ‘Fountain’ (1917) inició una auténtica revolución. Era el principio del readymade, según el cual cualquier objeto cotidiano sacado de su contexto original y situado en un contexto adecuado (un museo o una galería) podía convertirse en arte. En este caso, se trataba de un urinario con la firma del artista, expuesto en el Salón de los Independientes de Nueva York. Un desafío a todo lo establecido que conducía a la desacralización del arte. No importaba qué objeto hubiese elegido, sino la acción en sí misma; el hecho de haber cogido un artículo común y haberlo proclamado arte. Nunca antes se había visto algo así.

Entonces, Tristan Tzara todavía no había redactado el primer Manifiesto Dada (1918) en el que empezaba diciendo: “Dadá no significa nada. Si alguien lo considera inútil, si alguien no quiere perder su tiempo con una palabra que no significa nada. Por los periódicos sabemos que los negros kru llaman dadá al rabo de la vaca sagrada. El cubo y la madre en cierta comarca de Italia reciben el nombre de dadá. Un caballo de madera en francés, la nodriza, la doble afirmación en ruso y en rumano: dadá”. Su actitud era rompedora, pero también infantil en muchas ocasiones. Como cuando irrumpían en los restaurantes al grito de “¡Dadá!” para después salir corriendo, o publicaban noticias falsas en los periódicos sobre supuestos duelos con pistolas. El humor era su defensa contra los trágicos sucesos que se estaban viviendo, y el nuevo movimiento se expandió rápidamente. En Alemania destacaba la obra de John Heartfield, Hannah Höch o Kurt Schwitters y en Estados Unidos Man Ray revolucionó el mundo de la fotografía.

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Hannah Höch (1929)

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Todavía se puede hablar de obras surrealistas o de pop-art pero ya no es posible crear arte Dadá en la actualidad

Sin embargo, pronto surgieron los conflictos entre los miembros fundadores. Hugo Ball abandonó el movimiento a los pocos meses y poco a poco se fue allanando el camino al Surrealismo, fundado en 1923. El Dadaísmo fue breve pero consistente. Lo que lo diferencia de corrientes artísticas como el Surrealismo, el Cubismo o el Pop-art es que se dio en un momento y un contexto muy específicos, llegando a marcar un antes y un después en la concepción del arte y la vida. Por eso, todavía se puede hablar de obras surrealistas o de pop-art pero ya no es posible crear arte Dadá en la actualidad. Uno de los grandes errores ha sido convertirlo en algo estético cuando el Dadaísmo era precisamente un atentado contra la estética. Era un mensaje, una ruptura, una provocación, fruto de una época. Es imposible hacerlo renacer, a menos que volvamos atrás en el tiempo.

Pero lo que está claro es que, aunque el Dadaísmo no sigue vigente en nuestros tiempos, sí que dejó un legado importantísimo. La forma de entender el arte cambiaría para siempre e incluso la forma de actuar ante la vida. Se habían acabado las normas sin fundamentos, y el humor y la ironía cobraban protagonismo. Más que obras materiales, se creaban conceptos. Y una vez creados, estos conceptos no pueden volver a nacer, pero quedarán expuestos para siempre. Una actitud dadaísta es reaccionar en contra de los atentados que intentan limitar las libertades del individuo; es replantearse lo que nos han enseñado; la importancia del humor en nuestra sociedad. Dadaísmo es hacerse preguntas, reírse de lo ‘lógico’, incitar a que pasen cosas. El espíritu Dadá está presente en todas partes.

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‘Murdering Airplane’ (1920), de Max Ernst

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COPYRIGHT Man Ray Trust / ADAGP 2005

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