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el éxodo de los artistas urbanos españoles: 5 de ellos nos cuentan su caso

Martes, mayo 2nd, 2017 | T: lamono

Aunque muchas veces no lo parezca, en España contamos con artistas urbanos y grafiteros de mucho nivel y reconocimiento internacional. De hecho, si algo les caracteriza es precisamente su capacidad de llegar a todos los rincones del mundo, ya que aquí les es difícil encontrar el apoyo de las instituciones, que más bien les consideran vándalos. En ciudades como Barcelona, capital del Street Art en los años 2000, es difícil encontrar obras más elaboradas en las calles. Salvo cuatro paredes, en las que se pueden pintar piezas que no duran más de tres horas, antes de que venga otro a cubrirlas con la suya. Al final, aquí el Street Art no es más que algo (súper) efímero, cuya finalidad ha quedado reducida a una sola cosa: una foto para el Instagram. Hablamos con algunos de los artistas urbanos más míticos de Barcelona y de Madrid para que nos cuenten su experiencia y su visión de la historia. T: Vicky Navarro, Foto de portada: DOURONE, por Marc Berman Photography

http://zosenbandido.tumblr.com/

http://okudart.es/showcase/

http://www.elkenor.com/

https://www.facebook.com/elpezcollections/

http://dourone.com/

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Dourone Marc Berman Photography

La mayor parte de artistas urbanos con reconocimiento en España trabajan con el apoyo de marcas, en festivales y, en ocasiones, se van a las afueras de las grandes urbes a pintar. La calidad de las obras es cada vez mayor pero aquella actitud de insurgencia y rebeldía que dio vida al graffiti, es difícil de encontrar entre los más jóvenes. Según algunos, se ha perdido la autenticidad y PEZ es uno de ellos: “al principio todo era muy diferente, la mayoría de artistas salían a la calle a regalar sus obras por pasión, sin pensar en si estaba o no prohibido, sin pensar en una repercusión, nos encantaba ir en contra de las reglas y hacer lo que nos gustaba”, dice. Ahora, en cambio, “la mayoría de nuevos artistas son copias de otros y ya no existe esa inocencia; desde un principio van buscando la fama y dar el salto comercial a las galerías”, añade el artista, que se dio a conocer a principios de los años 2000 con sus peces sonrientes. Actualmente vive en Bogotá, una ciudad muy tolerante con el arte urbano, donde encontrar paredes para pintar no supone ningún problema y donde “hay un código de respeto entre los artistas como lo había en Barcelona en su momento”, explica.

PEZ Bogota- Colmbia- Meeting of Styles 2105

PEZ en Bogotá

Zosen Bandido recuerda con nostalgia los viejos tiempos, cuando con 12 años empezó a hacer sus primeros tags, firmas y, en el caso de que consiguiera reunir más spray, hacía graffitis más grandes. Entonces, a principios de los 90, “los sprays que había eran para pintar coches, electrodomésticos y tenían mucha presión, eran malos”, nos cuenta, y añade que se comunicaba con artistas de otros países a través de cartas escritas a mano. La marca Barcelona ya empezaba a venderse después de los Juegos Olímpicos de 1992 y “había mucha gente experimentando, haciendo collages en las paredes y jugando con la bidimensionalidad”, dice, “pero la eclosión llegó con la aparición de Internet”, ya que era mucho más fácil saber lo que se hacía en el resto del mundo. Más tarde, llegaron los tutoriales, redes sociales, sprays específicos de calidad, y “todo lo anterior de construir y hacerte un camino se perdió”.

El artista, nacido en Argentina y barcelonés de adopción, opina que el arte urbano se ha convertido en una cultura mainstream y, por un lado, “no está mal, ya que muchos nos hemos podido profesionalizar y vivir de lo que nos gusta y de lo que hemos ido construyendo durante muchos años”. Pero también piensa que ha pasado a ser una especie de “lanzadera” para mucha gente que no viene del mundo del graffiti: “muchos ilustradores hacen murales y están muy bien, pero su finalidad es triunfar, tener visibilidad”. La carretera ya está hecha y llegan ellos con su coche. “En todas las profesiones existe esa voluntad de triunfar, pero creo que se han perdido los valores o el significado de por qué estamos tomando la calle y pintando en grande. Se pierde un poco la esencia del muralismo original”, afirma.

Zosen1

Zosen Bandido

Mucho más contundente es Kenor, quien piensa que “el arte de la calle dejó Barcelona en el 2006”, cuando se aprobó la Ordenanza Cívica que multa hasta con 3.000€ cualquier pintada no autorizada en la vía pública. Aquel movimiento en constante evolución, con un gran número de artistas que lo practicaban, un intercambio de lenguajes y experimentación artísticos tan rico, “ahora ya no existe, se paró en seco”. Hace quince años, “te despertabas y aparecían nuevas obras cada día, pero la gente dejó de pintar por miedo”. Y el panorama ahora, no es mucho más esperanzador; según el artista las diferentes entidades que organizan eventos y festivales lo tienen todo controlado y así “es difícil que tengamos nuevos artistas innovadores, ya que no hay un medio o motor que lo genere; no hay intercambio”.

En cambio, si hablamos de graffiti, la cosa cambia. Según Kenor, sigue en plena forma, reivindicando el espacio público: “es la piel de la ciudad, un acto inmortal y parte de la urbe que nunca morirá”. En los 90, estaban Inupie o TELZ; después NIMEK, H101, OLAE, RENKO… y ahora BUNES, IESK, BAREN o MOMA. Y los de siempre: TSK, Rosa Rosario y Ostia Puta, que “llevan 40 años en las vías pintando trenes”. Kenor nos cuenta que la escena más importante actual artística en Barcelona está en los trenes: “el pintar un tren es una situación límite, en la que tienes que poner casi todos tus sentidos a disposición del entorno y no hay mucho tiempo para la realización de una obra. Esta tensión y concentración difusa, determinan tu forma de pintar; cada gesto es el lanzamiento de una línea definitiva, precisa, que surge de manera visceral”, explica.

Kenor1

Kenor

Por su lado, Okuda San Miguel defiende que “estamos viviendo un boom sobre todo con los murales en edificios de gran formato y con las súper esculturas y grandes instalaciones en el espacio público”. Cuando empezó a pintar en 1997 en las calles de su ciudad natal (Santander), Okuda ya demostraba su peculiar estilo, a base de colores llamativos y formas geométricas. En la actualidad, sus obras están dispersas por más de veinte países en todo el mundo, y en el último año y medio, ha convertido las iglesias en su lienzo en blanco. Primero fue el Kaos Temple, una intervención en la iglesia de una antigua colonia en Llanera (Asturias), convertida en nuevo lugar de peregrinaje para skaters. Allí plasmó su icónica Kaos Star, para más tarde viajar a Marruecos y hacer que su imaginario cobrara vida en las paredes de una iglesia en la ciudad de Youssoufia. Titulada ‘11 mirages to the freedom’, esta obra fue seguida de la ‘Universal Chapel’ de Fort Smith, Arkansas. Y hace solamente unos días, el artista cántabro trasladaba su surrealismo pop a Denver para convertir ‘The International Church of Cannabis’ en su nueva e inmensa obra de arte. “Quizás lo único que rompe las reglas en este momento es la pintura o intervenciones contemporáneas sobre un soporte clásico, como es el caso de las iglesias que he realizado, o como las exposiciones de Koons o Murakami en el palacio de Versalles”. Estas tuvieron lugar hace unos años y no estuvieron exentas de polémica, acusadas de “ultrajar” la soberanía nacional con sus extravagantes obras.

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Como artista plástico no me siento nada valorado en mi país ni en mi ciudad, y creo que la gente se merece más cultura y menos bombardeo de publicidad

Okuda San Miguel

Okuda San Miguel

“En la época en la que vivimos, internet y las redes sociales hacen que el Street Art sea muchísimo más popular”, explica el madrileño Fabio López, ya que las obras son más espectaculares y llegan a todas partes. Fabio y su compañera Elodie Arshak (aka Elodieloll) son los componentes de Dourone, y con sus murales quieren concienciar sobre el respeto, la diversidad y la libertad, enviar un mensaje claro. Así que, en su caso, llegar a más gente es sinónimo de éxito. Su especialidad son los murales a gran escala como el que acaban de realizar en Johannesburgo (Sudáfrica), titulado ‘Camissa’. Su última creación hace referencia al antiguo nombre que el pueblo indígena Khoi dio hace 2000 años a la ciudad de Cape Town, por sus aguas dulces y limpias provenientes de Table Mountain, la montaña que domina la ciudad.

Pero han estado trabajando en muchos otros países, como Francia, Ucrania, Marruecos, Israel, Estados Unidos o Colombia, entre otros. “España aún no ha llegado al mismo nivel que otros países europeos en cuanto al reconocimiento del arte urbano”, aseguran, “cada vez hay más iniciativas en el país, pero muchas son por parte de entidades privadas y no tanto por públicas, cosa que se ve muy a menudo fuera”. Y ellos no son los únicos que lo piensan; Okuda San Miguel también cree que todavía hay mucho por hacer: “Como artista plástico no me siento nada valorado en mi país ni en mi ciudad, y creo que la gente se merece más cultura y menos bombardeo de publicidad, que sin embargo eso sí les interesa más a las instituciones”. Se pregunta por qué no hay murales en el centro de Madrid y sí edificios completos con las campañas de todas las grandes marcas, y cree que “la labor de los consejeros de cultura de los ayuntamientos y del gobierno debería ser informarse y estar al día de qué artistas o qué escritores o qué cineastas o qué actores o qué músicos están en lo más alto mundialmente y, sobre todo, valorarlos”.

dourone y elodie Marc Berman Photography

Dourone, por Marc Berman Photography

Pero para que las instituciones lleguen a considerar la cultura, antes deben valorarla los propios artistas. “A veces te contactan de un lugar y se piensan que con que te den los sprays tú ya vas a ir”, nos cuenta Zosen Bandido. “Es algo un poco ridículo, es como si llamas a un fontanero y le dices: yo te doy los materiales y tú me arreglas el baño”. Con eso no te pagas el alquiler, por eso defiende que “hay que educar a la gente que está en las instituciones culturales, pero también a la gente nueva que empieza a pintar”. Cuando empiezas, y quieres darte a conocer, es tentador aceptar este tipo de ofertas, pero “así jodes al movimiento y a la gente que está profesionalizada en este sector”, afirma.

“En España tenemos un gran problema”, sentencia Kenor, “tenemos la cultura más grande del mundo, pero no la mostramos ni la consumimos”. Según el artista barcelonés, “nos dejamos manipular por lo que aparece en los medios y no investigamos, somos incultos”. Y es que, aunque a muchos les suene a chino, ser artista es un trabajo y es necesario. El problema es que no nos lo han enseñado así. Zosen piensa que “los curadores y la gente que tiene un poco de visión con el movimiento tendrían que barrer para casa, porque al final muchos estamos dando la vuelta al mundo haciendo proyectos que en casa no hacemos y eso da que pensar”. La cultura es un bien, y lo estamos perdiendo. La calidad del arte urbano en España aumenta continuamente y, en cambio, cada vez es más difícil darle el lugar que se merece. Treinta años invadiendo las calles y grandes artistas con una larga trayectoria. Ya va siendo hora de que se reserve un espacio para este movimiento en los museos y, por supuesto en su ámbito natural, la calle, y deje de considerarse el hobby de unos pocos aficionados.

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