ART, Painting,

Lunes, enero 23rd, 2017 | T: lamono

“El verdadero arte siempre está donde no se le espera. Allí donde nadie piensa en él ni pronuncia su nombre”, decía Jean Dubuffet. El artista francés sería quien crearía el concepto de Art Brut para referirse a aquellas obras desvinculadas del arte académico y realizadas por personas situadas al margen de la sociedad, como pacientes mentales, prisioneros o inadaptados. Creaciones que huían de la calificación de arte, porque no estaban sumisas a esa voluntad de crear arte, sino que eran el resultado de una expresión proveniente de las raíces psicológicas de aquellas personas. También conocida como Arte Outsider, esta corriente despertaría la curiosidad de pensadores y cautivaría a grandes artistas del Surrealismo y el Expresionismo como Dalí, Picasso, Kandinsky o Klee. T: Vicky Navarro; Foto de portada: Jean Dubuffet (1966)

http://www.outsiderartfair.com/

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Jean-Dubuffet, Site-Domestique-au-fusil-espadon 1966

Algo pasó a principios del siglo XX para que en Europa empezaran a cuestionarse todos los cánones clásicos establecidos en el arte. El desencanto de la guerra, el sin sentido de la sociedad burguesa, la invalidez de los valores dominantes hasta el momento, que no habían conducido a nada bueno. Este fue el caldo de cultivo para que nacieran corrientes como el Dadaísmo, que se caracterizaba más por defender una actitud de rebeldía que no un estilo o trazos concretos. En Alemania, el fenómeno llegó bajo otra forma. En el hospital para enfermos mentales de la Universidad de Heidelberg, Hans Prinzhorn empezó a analizar las obras de sus pacientes. Era 1919 y el psiquiatra alemán, que también era historiador de arte, vio en ellas algo que se apartaba mucho de lo establecido pero que transmitía un mensaje crudo, salvaje, lleno de simbologías y onirismo. Descubrió nuevos lenguajes e imaginarios que podían ser muy útiles a la hora de analizar la mente humana, allí presentada en su estado más puro.

Prinzhorn eligió así a pacientes con distintas patologías psiquiátricas con una sola condición, que no estuviesen siendo medicados con drogas que alterasen sus capacidades mentales. Solo tenían que dejarse llevar ante un lienzo, como terapia para dejar de lado pensamientos negativos y evadirse, al tiempo que sin saberlo, hacían arte. Estaba convencido de que la expresión artística era la mejor forma de adentrarse en su mente. Durante los tres años que trabajó en el centro, Prinzhorn reunió 5.000 trabajos de 450 pacientes distintos, convirtiéndose en la primera persona en ahondar con convicción en su arte. Fue en 1922 cuando publicó su libro ‘Bildnerei der Geisteskranken’ (Arte de los enfermos mentales), donde recogía las creaciones de aquellos grandes maestros esquizofrénicos. Y fue a través de este libro que el artista Jean Dubuffet encontraría la inspiración, para acabar acuñando el concepto de Art Brut en 1945.

joseph crepin

Joseph Crépin

Dubuffet defendía que todos los seres humanos disponemos de un potencial creativo que las normas sociales anulan y que brota libremente en las creaciones de personas situadas al margen de la sociedad como los internos de hospitales psiquiátricos, los delincuentes, inadaptados o ancianos. Y así comenzó a reunir una colección de este tipo de obras y a divulgarlas a través de exposiciones y publicaciones, llegando a fundar la Compagnie d´Art Brut junto a André Breton y Michel Tapié, entre otros. Pero Dubuffet siempre se opuso a la categorización de “arte de los locos”, ya que defendía que este no existía. Sus artistas eran ajenos al arte académico, a la moda, a las exigencias del público; hacían arte para ellos mismos, empujados por impulsos mucho más puros y tan válidos como los de cualquier otro artista. No necesitaban otra justificación que la creación misma y rompían los convencionalismos para dar paso a la libertad y a la imaginación.

El interés del artista francés por el arte marginal le llevaría a afirmar lo siguiente: “El verdadero arte siempre está donde no se le espera. Allí donde nadie piensa en él ni pronuncia su nombre. El arte odia ser reconocido y saludado por su nombre. Se escapa enseguida. El arte es un personaje apasionadamente enamorado del incógnito. En cuanto alguien lo descubre, lo señala con el dedo, entonces se escapa dejando en su lugar un figurante laureado que lleva sobre sus hombros una gran pancarta en la que pone ARTE, que todo el mundo rocía enseguida con champaña y que los conferenciantes pasean de ciudad en ciudad con un aro en la nariz. […] ¡El verdadero señor Arte no hay peligro de que cargue con una pancarta! Por ello nadie lo reconoce”.

Jean-Dubuffet portrait

Jean Dubuffet

En cambio, grandes artistas vieron en estas creaciones algo profundo y revelador, considerándolas un manantial expresivo de los principios creativos todavía incontaminados por la formación o educación artística. Paul Klee o Pablo Picasso se toparon con ellas en la búsqueda de un arte espontáneo, no adulterado por el saber, que contrastara con lo que para ellos era una tradición occidental excesivamente sofisticada y centrada en sí misma. Tras ellos, llegaron Joan Miró, Pearl Alcock, Oskar Kokoschka, Vassily Kandisky, Antoni Tàpies, Salvador Dalí o Max Ernst.

A finales de los 50, el psiquiatra Leo Navratil, de la clínica psiquiátrica Maria Gugging de Viena, descubrió también el talento artístico de algunos de sus pacientes y no dudó en fomentarlo y divulgarlo. Muchos artistas vieneses iban a la clínica a apreciar las obras de los “Artistas Gugging” (así les llamaban), hasta que Navratil creó el Centro de Arte y Psicoterapia en 1981. Convertido en un estudio, galería y punto de encuentro, allí vivían sus pacientes con talento, como una residencia de artistas. Ésta acabó considerada como un modelo para los tratamientos psiquiátricos basados en la Arteterapia, como medio para reintegrar a los pacientes en la sociedad. En 1994, David Bowie y Brian Eno fueron a entrevistar y fotografiar a esos ya famosos artistas. De allí salieron con una pieza de audio de tres horas (mayormente diálogo) que inspiró el proceso de su colaboración juntos, el álbum conceptual ‘Outside’. Actualmente, el Museo Gugging, situado al lado de la residencia, alberga las obras de sus artistas y de otros representantes del Art Brut como Martín Ramírez o Adolf Wölfli.

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Museo Gugging

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Sus artistas eran ajenos al arte académico, a la moda, a las exigencias del público; hacían arte para ellos mismos, empujados por impulsos mucho más puros y tan válidos como los de cualquier otro artista

adolf wolfli

Adolf Wölfli

Entre los artistas del Art Brut o Outsider, Wölfli es uno de los que más destacó. El doctor Walter Morgenthaler de la Clínica Waldau en Suiza, estudió su caso y se fijó en sus creaciones, ya que empezó a desarrollar sus talentos y habilidades independientemente durante su internamiento. Nunca antes había mostrado interés por el arte. En cambio, sus obras eran complejas e intensas, llenando cada milímetro de lienzo con sus trazos. Según el crítico de arte John MacGregor, el mundo alternativo creado por Wölfli era uno de los más elaborados, extraños y, sin embargo, más coherentes, que haya creado una sola persona.

Tras tener una infancia turbulenta, quedarse huérfano de pequeño y sufrir abusos físicos y sexuales, a los 18 años Wölfli pasó por un desamor que le sumió en una profunda depresión. Desde entonces, empezó a tener comportamientos extraños y en 1895 fue internado en el hospital psiquiátrico Waldau tras ser acusado de abusos sexuales a una niña. Allí le diagnosticaron esquizofrenia crónica con elementos paranoicos. Era violento, tenía alucinaciones constantemente y representaba un grave problema para el personal del hospital, hasta que un médico le dio un lápiz y a partir de ahí nunca dejaría de rellenar papeles con sus sofisticados dibujos. Composiciones con un estilo denso, en gran medida abstracto, geométrico y ornamental, en las que ocasionalmente insertaba pequeñas figuras y alguna que otra escena. El genio artístico de Wölfli le llevaba a imponer orden en el caos. Cuando Morgenthaler vio su trabajo por primera vez en 1907, no dudó ni un momento de que se trataba de la obra de un artista.

augustin lesage

Augustin Lesage

Ha habido otros artistas famosos en esta corriente; Augustin Lesage (1876 – 1954) era un minero de carbón francés que se adentró en el mundo de la pintura siguiendo a sus ‘voces espirituales’. Empezó a trabajar en las minas siendo muy joven y a los 35 años, afirmó haber oído una voz proveniente de la oscuridad de la mina que le dijo que un día sería pintor. Esta voz le iba dando instrucciones sobre qué pasos seguir para convertirse en artista, qué instrumentos comprar, qué dibujar… Al adquirir su primer lienzo, Lesage compró equivocadamente uno diez veces más grande de lo que había previsto. Sus guías espirituales le animaron a que no se sintiera intimidado y se lanzara a pintar, y así fue como el gran formato se convirtió en el elegido para el resto de sus obras. Creó un estilo único, muy simétrico y con construcciones monolíticas que recuerdan a las formas arquitectónicas egipcias y orientales. Según afirmaba, antes de cada pieza Lesage nunca tuvo una idea previa de lo que iba a retratar: “Nunca tengo una visión general de la obra entera en ningún momento de la ejecución. Mis guías me dicen, me rindo a su impulso”.

Destacaron también las obras de Joseph Crépin, Aloïse Corbaz, Henry Darger, Paul Gösch, Lee Godie o Tarcisio Merati, entre otros. Al fin y al cabo, arte debería ser todo aquello que sale de dentro empujado por la necesidad de ser expresado. Alguien podría pensar que las obras de estos personajes no son arte porque parecen los garabatos de un niño pequeño y no hay una técnica ni unos conocimientos detrás. En cambio, es probable que no exista una obra más sincera, pura y real que la de alguien que dibuja por necesidad, por impulso y sin la voluntad de agradar a nadie.

augustin lesage2

Augustin Lesage

aloïse Corbaz

Aloïse Corbaz

Martín Ramírez

Martín Ramírez

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