Si arrojarse a un río fuese poesía, Virginia Woolf sería métrica y estructura pura y dura. No es por alentar el malditismo ni la autodestrucción en estos días en los que ser mujer, artista, bohemia, londinense y suicida está tan en boga (¿alguien dijo Amy Winehouse?), pero Virginia Woolf logró transformar el sentimiento de depresión, de autoinmolación y de elevación del concepto femenino hacia zonas inhabitadas entonces por la literatura popular contemporánea, siempre de corte machista o, como mínimo, masculinista (en caso de que exista el término).
Woolf no sólo formó parte de unas de las escenas o movimiento literarios más interesantes de la historia de la escritura moderna (el llamado Grupo de Bloomsbury) sino que ha sido la piedra fundacional de una escuela de literatura modernista que cambiaría el rumbo de cierta rama de la escritura del siglo XX y hasta hoy, utilizando a la mujer no como elemento romántico, sino como arma protagonista de una forma de escribir y de poner en práctica una sensibilidad, la femenina, que sería las delicias de críticos y hasta incluso de personajes antagónicos de estas vertientes propuestas por la Woolf. En el setenta aniversario de su muerte, la editorial Capitán Swing (nueva editora con base en Madrid que está haciendo las delicias de la literatura pulcra, entre bohemia, maldita, sana y precursora y sirviéndonos en bandeja de plata títulos de escritores como Jim Dodge, Arthut Conan Doyle, Émile Zola o Daniel Defoe, entre otros) recupera una importante porción de la literatura breve de la escritora londinense y la titula La muerte de la polilla y otros escritos. La muerte de la polilla y otros escritos es precisamente eso: un recopilatorio de relatos, historias y ensayos cortos que incluye, sí, el que da la mitad del título del libro aquí presentado pero también integra dieciocho microhistorias más de la literata británica que acabó con su vida antes de cumplir los sesenta años y apenas iniciada la década de los ’40 del pasado siglo. Una obra que nos ayuda a comprender un poco más el universo personal, su carrera literaria y personal, su mundo, sus pensamientos y el parentesco, por otro lado, completamente normal que Woolf ha tenido no sólo con escritoras de segunda mitad del siglo pasado como Mercedes Valdivieso, Marguerite Duras, Alejandra Pizarnik o, más tarde, Isabel Allende y Eve Ensler, sino también en la revolución sexual de mitad de siglo y el impulso de géneros más instantáneos, el acercamiento popular a una literatura más ensayística y el aupamiento de la mujer como ente base (y hasta de reivindicación suprema dentro del género humano) y excusa principal para el reclamo de una serie de libertades públicas que transgredían cuestiones como géneros y pensamiento y entraban a formar parte de algo tan básico como la cotidianeidad humana. T. Alan Queipo.





















