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#Imprescindibles6: lectores retratados, la insaciabilidad de las letras



Rene Magritte

Magritte plasmando literalmente eso de que un libro es una puerta a otra dimensión.

Lo imprescindible es necesario y obligatorio. Es de aquello que no se puede prescindir. Hay creaciones, creadores y creados fundamentales. Lectores, o mejor dicho, lectores retratados. Por Pablo Picasso, que pintó infinitas escenas de mujeres leyendo. Por René Magritte, con su lector subyugado por el texto o con el lector camuflado en un prado. Por Henri Matisse, con mujeres lectoras acompañadas de flores. Por Fernando Botero, con sus voluminosos lectores ante libros abiertos. Por Edward Hopper, que retrató a mujeres que leen en soledad apartadas del ruido. Por Giuseppe Arcimboldo, que construyó al bibliotecario anatómicamente a base de libros. Por Cadmus, Léger, Monet o Hockney que parecen estar posando ante el pintor mientras leen. Y así, podríamos infinitamente reproducir pintores y escenas de lectura. Escenas donde los protagonistas son lectores insaciables. Lectores que leen en ratos libres y lectores que leen todo el rato. Lectores que leen para buscarse y lectores que leen para perderse. Lectores desnudos y lectores perfectamente acicalados. En definitiva, lectores que nunca pierden el elemento primordial: el deseo de conocer. T: David González

“HAY PEORES COSAS QUE QUEMAR LIBROS,

UNA DE ELLAS ES NO LEERLOS”

RAY BRADBURY

Botero

Botero y sus señoras lectoras.

No recuerdo el primer libro que leí. Seguramente, sería un volumen extraviado de alguna colección que había por casa. A lo mejor, fue alguna lectura escolar. Sin embargo, recuerdo perfectamente el primer libro que fui a buscar con conciencia a la Biblioteca, el Romancero gitano de Federico García Lorca. Tampoco recuerdo que me motivó hacer el camino hasta allí, ni que me llevó hasta esa obra. Tiempo después, sólo tengo la explicación que escribiría en forma epistolar Franz Kafka: “un libro debe ser el hacha que rompa el mar helado dentro de nosotros”. Al final, aquellas lecturas que nos descubren, acompañan y en las que nos encontramos acaban habitando irremediablemente una parte de nosotros.

Hopper33

Calma y lectura: las relajantes escenas de Hopper.

De alguna manera, con otras palabras, es lo que expresaba Harold Bloom cuando decía que estar a solas con un buen libro es ser capaz de comprenderte más a ti mismo. Precisamente, eso me ocurrió un poco más tarde, cuando leí La metamorfosis de Kafka. La angustia de amanecer convertido en un insecto. El sentimiento de otredad en la mirada de los otros. La incomprensión hacia Gregor Samsa o la sensación de realidad en algo literariamente ficticio descongeló un glaciar helado dentro de mí. Hielo que a día de hoy, aún sigue descongelándose cada vez que lo releo. Para Oscar Wilde, si un libro no se disfrutaba leyéndolo varias veces, de nada servía leerlo ni una sola vez. Quizá por eso, Gregor Samsa haya sido uno de los personajes que más presente he tenido a lo largo de mi vida.

David Hockney

Hockney tiene para todos.

Resulta curioso, como la frontera entre lo real y lo ficticio se puede acabar difuminando cuando hacemos nuestras las lecturas. Una frase de Enrique Vila – Matas dice algo así como que la literatura nos permite comprender la vida, de lo que puede ser, pero también de lo que pudo haber sido. Sin duda, en la lectura está el refugio de lo insoportable de la existencia y lo gratificante de ella. Es justo en medio de la amalgama de libros leídos dónde está esa lista, constantemente modificable, de libros por leer. Entre los libros leídos, siempre están los pendientes de releer, mientras que en los no leídos están también aquellos que nunca leeré. Entre los que quedan por leer también me surge la incógnita de pensar cual sería el último libro que leería si esa decisión, tan azarosa, estuviera bajo mi control. Ya lo decía Bolaño, “uno nunca termina de leer, aunque los libros se acaben”.

Dos mujeres leyendo, de Pablo Picasso, 1934

Picasso también ha tocado el tema desde su peculiar perspectiva.

Si hay un nexo común que comparten las pinturas que acompañan está reflexión es la lectura. Sin embargo, hay algo en ellas que hace que los lectores se identifiquen. Algo más allá de tener un libro entre las manos. Es el deseo de conocer. Mantener la curiosidad despierta permanentemente. Es no dejar nunca de aprender o como nos enseñó Jorge Luis Borges “Nunca se termina de aprender a leer. Tal vez como nunca se termine de aprender a vivir”.

El bibliotecario, Giuseppe Arcimboldo, 1566

Giuseppe Arcimboldo

 

En el Prado, Claude Monet

Claude Monet

 

paulcamus

Paul Camus

Fernando Botero, Man With Book, 1998

Fernando Botero

Fernando Botero, reading

Fernando Botero

Magritte

René Magritte

Matisse, mujer leyendo

Matisse

 

Matisse, reading woman on a black background

Matisse

Matisse

Matisse

 

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