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la historia de margaret keane



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¿Tú también pintas? le preguntó alguien a Margaret. Esas palabras estallaron en su cabeza y la artista entró en estado de shock. Ahí estaba, en un club de jazz rodeada de sus propias pinturas, las mismas que su marido Walter estaba vendiendo haciéndose pasar por el pintor. Así empezó la pesadilla de Margaret Keane, la artista que pinta niños y mujeres con los ojos grandes llenos de tristeza y que ha inspirado la última película de Tim Burton, Big Eyes. Ahora es una artista mundialmente conocida y aclamada pero durante algo más de una década fue prisionera de su fama.

A principios de los 60, Keane era uno de los artistas más famosos de los Estados Unidos por sus pinturas de niños y mujeres con ojos grandes. Él mismo decía que nadie podía “pintar ojos como Walter Keane”. La gente ansiaba poder colgar de las paredes de su casa uno de esos cuadros big eye. Pero nadie sabía que no era él sino Margaret, su mujer, la artista que había detrás de las pinturas. La mentira de Walter fue tan lejos que incluso relata en su autobiografía que, cuando conoció a Margaret, ésta lo alabó por lo bien que pintaba. “Me encantan tus pinturas. Eres el mejor artista que he visto jamás” cuenta Walter que le dijo Margaret. En realidad, estas palabras nunca salieron de la boca de la artista.

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No sólo los compradores no sabían que Walter estaba vendiendo los cuadros de su mujer como si fueran suyos sino que ella tampoco era consciente de lo que estaba sucediendo hasta que en el The Hungry I, el club donde Walter vendía los cuadros, alguien le preguntó si ella también pintaba, como su marido. Se sintió humillada, estaba acostumbrada a los desprecios de Walter pero esto sobrepasaba los límites. De vuelta a casa, enfadada por el engaño, le pidió que parara de mentir a la gente y amenazó con marcharse. Pero él, que dominaba el arte de la manipulación a la perfección, le dijo que necesitaban el dinero. “Es más probable que la gente compre un cuadro si piensa que está hablando con el artista. La gente ya piensa que yo pinté los big eyes y si de repente les digo que fuiste tu, empezarán a demandarnos”, le dijo. A partir de entonces, Margaret pasó a ser la esclava de Walter, rol que ocupó durante los siguientes 10 años, en los que sufrió humillaciones e incluso fue amenazada de muerte por su marido.

Nunca contó la verdad y nunca reconoció que la mujer que tenía al lado era una artista. Margaret se limitaba a acompañar a su marido a las entrevistas mientras él contaba mentiras sobre los big eyes y alardeaba de su talento. Era un hombre narcisista, celoso y dominante y Margaret una mujer insegura, una presa fácil para Walter. Le pidió que le enseñara a pintar los big eyes pero Walter no pudo aprender a pintar como su mujer. “Cuando no conseguía hacerlo, la culpa era mía. Lo intenté de verdad, pero fue imposible”. Margaret estaba atrapada, quería marcharse pero no sabía cómo y Walter estaba destrozando su autoestima. “Estas mejor con la boca cerrada” o “estás horrible” eran algunas de las palabras que le dedicaba Walter a su esposa cuando tenían alguna cita o tenían que salir de casa. Durante 1960, el período de más éxito de los big eyes, se mudaron a una nueva casa más lujosa pero la vida de Margaret siguió siendo igual de horrible, incluso peor. Margaret no salía de casa, pasaba los días encerrada pintando 16 horas al día, lo único que la hacía feliz, mientras Walter disfrutaba de la vida a su manera. “Siempre había tres o cuatro personas nadando desnudas en la piscina. A veces iba a la cama y había tres chicas”, pero a ella estaba anulada y nada de esto le importaba. Margaret pintaba en una habitación con las cortinas cerradas y, cuando Walter estaba fuera de casa, llamaba cada hora para asegurarse de que no se había fugado. “No me dejaba tener amigos. Si intentaba alejarme de él, me seguía. Teníamos un chihuahua y como yo quería mucho a ese perro, le pegaba, así que al final tuve que darlo”, cuenta la artista. Los big eyes que pintaba Margaret mostraban expresiones cada vez más tristes. Esos niños mostraban los sentimientos que no podía expresar de ningún otro modo.

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En 1965, después de 10 años de matrimonio, se divorciaron pero Margaret siguió pintando en secreto para Walter. La artista se mudó a Hawaii y desde entonces sus big eyes recuperaron poco a poco la alegría que habían perdido, dejando ver pequeñas sonrisas mientras nadaban entre peces tropicales. En octubre de 1970, harta de que su exmarido se aprovechara de sus obras, Margaret contó toda la verdad en una entrevista radiofónica. Walter se enfadó y atacó a Margaret diciendo que era una borracha y contando todo tipo de historias inventadas como que la había pillado teniendo sexo con los asistentes en un parking, algo que parecía encajar más en su estilo de vida. “Estaba loco”, dice Margaret. Para demostrar que ella era la pintora que había detrás del estilo big eye, lo retó a pintar en público en la Union Square de San Francisco. Él la demando y desapareció 12 años en Europa. El juez desestimó la demanda y Walter apareció en los 80 asegurando que Margaret se había adjudicado la autoría de los big eyes porque lo daba por muerto. Harta de la situación, Margaret fue la que demandó a Walter en esta ocasión. Ella con 58 años y él con 70, fueron retados por el juez a dibujar un niño con ojos grandes al estilo big eye. Walter se presentó con un maletín de pinturas, los pinceles y todo, pero dijo que tenía una lesión en el hombro, por lo que le resultaba imposible pintar y Margaret pintó el cuadro en 53 minutos. La artista ganó el juicio y Walter fue condenado a pagarle 4 millones de dólares. No llegó a ver nunca ese dinero pero todo el mundo sabía que los big eyes eran suyos y con eso le bastaba.

Walter murió en el año 2000 y la historia de Margaret quedó un poco abandonada pero Tim Burton, gran fan de la artista, se ha encargado de sacarla a la luz otra vez con su última película Big Eyes, que salió a la gran pantalla el 25 de diciembre. Amy Adams y Christoph Waltz encarnan a Margaret y a Walter y la misma Margaret Keane hace un cameo representando a una mujer mayor sentada en el banco de un parque. Aunque al principio no sabía muy bien cómo encajar la película por el parecido que tenía Christoph con Walter y ver que Amy estaba pasando por lo que ella pasó, con el tiempo pensó que la película era fantástica. A día de hoy, Margaret vive en Sonoma, cerca de San Francisco y, a sus 79 años de edad, sigue pintando sus big eyes. “Los ojos que pinto en los niños son la expresión de mis más profundos sentimientos. Los ojos son el espejo del alma”.

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