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entrevista: manuela torres, provocando



Manuela Torres García. Es ella, el octavo pecado capital para algunos. Con sus historias (no solamente os traemos las que ya habéis visto, también sus nuevas pinceladas), y delirios corpóreos. Y, a la vez, entrañables. Sabemos que hay una gran mayoría que la conoce, pero también que esa minoría pendiente no puede dormir por las noches buscando esa pieza del puzzle que le falta, o que se ha tragado y no sabe digerir. Una pieza poliédrica, pero también amorfa. Una porción de existencia, de personalidad feroz, que no encaja con nada, y que cuadra con todo. La clave, la llave maestra. Manuela Torres encarna esta paradoja somnífera que nos tomamos antes de ir a dormir pero que nos persigue durante todo el sueño (paradoja, ya lo hemos dicho). Ella no esconde nada: “Quizá soy un poco exhibicionista”. Sus personajes nos muestran sin tapujos sus piercings, sus pechos; sus sentimientos, en definitiva. Seducción y ternura pasan una noche de sexo salvaje. Os la contamos.

 

¿Qué tienen tus muñecas de especial? Preferiría no utilizar el término “muñecas”; personajes, imágenes, creaciones, me parece más apropiado. Yo diría que son seres extraños e inquietantes, pero con una belleza muy particular. No estoy interesada en reproducir el tipo de belleza estandarizada que nos rodea. Quizás sea esto lo que caracteriza mi trabajo, además de que son imágenes que transmiten mucha vida (o al menos eso pretendo), y que, al mismo tiempo, están cargadas de ironía, por lo que no suelen dejar indiferente. Me gusta crear escenas un tanto enigmáticas, en las que el público haga sus propias interpretaciones, piense, imagine; incitar a la reflexión, sembrar dudas y jugar con elementos que se contradicen entre sí, como fragilidad y fuerza, placer y dolor, candidez y actitud desafiante, belleza y patología… Puede que este guiño hacia el público sea también parte de la magia.

Hablas de que uno de los conceptos de tu arte es la subjetividad, ¿crees que existe la objetividad? De hecho, no. No creo en la objetividad, es una idea que se suele utilizar para imponer una verdad sobre otras, para excluir otras posibilidades. Me interesan las subjetividades, en plural, porque ese intercambio de parcialidades es lo que me permite aprender y plantearme cosas nuevas, abrir el horizonte. Soy una gran devoradora de relatos autobiográficos en todas sus formas, tanto libros como performances, vídeos, cine, etc. Me fascina que la subjetividad siempre esté en movimiento, siempre cambiando, reconstruyéndose desde lo que nos llega del exterior y desde dentro.

¿Qué es lo que te permite jugar tanto con tus cuerpos? El medio plástico es ideal para hacerlo, la pintura y el dibujo me permiten ese juego en el que exploro continuamente mis propias dudas y deseos, mis temores y fantasías… El cuerpo me fascina, y me fascinan los significados que le damos a la corporalidad y sus expresiones. Y la publicidad, la medicina, la psicología, la religión o incluso la mayor parte de la pornografía, en su afán de normativizar el cuerpo y sus actitudes, me aportan recursos inagotables. El lenguaje plástico me permite experimentar con el choque entre este interés normalizador y todo tipo de discursos disidentes (como por ejemplo el postporno o la teoría queer), que me resultan increíblemente inspiradores.

También traspasas límites con tus ilustraciones. ¿Hasta dónde está permitido transgredir? La verdad es que mi trabajo no me parece especialmente transgresor. Las performances que está haciendo ahora gente como Quimera Rosa, Diana J. Torres, Post-Op o VideoArmsIdea sí que me lo parecen… Creo que el problema viene del otro lado, puesto que vivimos en un entorno cada vez más conservador, hipócrita y mojigato, con lo que la transgresión sucede sin mucha dificultad, basta por ejemplo con tocar ciertos temas, como la sexualidad. Eso sí, reconozco que no me interesa tratar el sexo desde los estereotipos o los lugares comunes, que en general me aburren y me dejan fría. En todo caso, el nivel de transgresión está en los ojos de quien mira. Hay personas que se sienten identificadas o afines a mis imágenes, pero a otras les pueden ofender. Hace poco me pasó algo que a mí me sorprendió mucho, y es que alguien calificó mi trabajo de “pornografía infantil”…

¿Cuándo crees que el ser humano roza lo patológico? ¿Cómo definirías este concepto? Creo que lo patológico impregna totalmente nuestra realidad cotidiana: está en el trabajo, en la escuela, en la familia… No creo para nada que lo patológico se encuentre donde las ciencias, las doctrinas religiosas y las leyes lo sitúan, y menos aún que sea algo que haya que corregir o castigar, ya que a menudo responde a un deseo, es una manera de defendernos o simplemente de sobrevivir. No me creo la separación entre lo patológico y lo normal, porque la historia nos demuestra que estos límites son arbitrarios, que responden a una determinada ideología y que cambian en función de unos intereses. Por ejemplo, en el siglo XIX nace la histeria como enfermedad,  medicalizando a las mujeres cuya sexualidad es percibida como inadecuada (tanto por exceso como por defecto), y el vibrador se inventa entonces como tratamiento para curarla, ¿no es esto bastante patológico? Pero lo mejor de todo esto es cómo la gente se apropia de los símbolos de lo anormal, les da la vuelta y los convierte en fuentes de placer: los tatuajes vienen de la cárcel, el piercing de la medicina, y así con el BDSM y otros juegos sexuales.

Juegas mucho con la ambigüedad, has comentado. Por supuesto, me encanta la ambigüedad, no creo que el blanco excluya al negro sino que pueden darse a la vez, y de hecho se dan. Sobre todo, me gusta jugar con la ambigüedad corporal y sexual, me gusta el espacio que hay justo en las fronteras, sin estar en ningún lado y estando a la vez en más de uno. Yo prefiero quedarme en la ambigüedad, sin definirme. En mi trabajo hay mucha candidez o inocencia, pero también mucha determinación o incluso desafío; los personajes nunca son víctimas, ni siquiera en las series “Muñecas” o “Lolitas”, creo que el juego es mucho más complejo. Creo que la realidad desborda el antagonismo víctima-verdugo, inocencia-perversidad, normal-anormal, hombre-mujer, placer-dolor… A nivel formal utilizo muchos elementos que se contradicen entre sí, empezando por una técnica muy tradicional contrapuesta a unas temáticas a mi juicio muy contemporáneas, o el uso de bandejitas de pastelería y blondas pintadas de negro como soportes.

La ironía de tus personajes, entonces… ¿no está reñida con el placer? En absoluto, pienso que la sexualidad es algo que nos tomamos demasiado en serio en nuestra cultura. Así que me divierte cuestionar las creencias, las normas o los estereotipos a través de una ironía crítica. Por otro lado, el sexo con risas de por medio me parece mucho más placentero.

Hablas también de “identidades”. ¿Es difícil dar una personalidad a tus protagonistas? Considero que las  identidades están siempre en movimiento, por lo que he aprendido de mis vivencias, no creo en las etiquetas permanentes, solamente me sirven si son temporales. La indeterminación puede ser también una opción… En cuanto a la identidad de mis personajes, si algo tienen en común es que no sólo se dejan mirar, por más que me guste explotar su lado seductor, sino que van al encuentro de sus propios deseos, lo que implica forzosamente el conflicto.

¿A dónde quieres llegar con tu arte, en definitiva? Quizás soy un poco exhibicionista y estos cuerpos son un poco el mío, quizás busco una respuesta de la gente… Busco conectar, establecer conexiones a través de mis imágenes entre lo que yo experimento y me planteo y lo que otras personas se plantean. Me parece mágico el momento en que ves reflejada una idea, una intuición o una emoción latente que otra persona ha sabido expresar, ya sea con palabras o con imágenes. Busco esta complicidad con quienes indagan en su propia sexualidad, sus deseos, su miedo, su imperfección, con quienes asumen su fragilidad y aun así emprenden su búsqueda personal. Y tanto en el caso de quienes se plantean todo esto como en el de quienes no lo hacen, puede que con mi trabajo llegue a tocar esa fibra que provoca emoción y reflexión…

 

By: Marta Rosella

 

 

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