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entrevista: lynn gentry, poemas instantáneos



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Un hombre está en la calle. Tiene una máquina de escribir y una mesa portátil. Muchas veces se sienta en Brooklyn, concretamente la zona de Williamsburg, pero otros días es su ausencia la que le delata. Una canción a veces puede ser la mejor musa. Otros dirán que un buen libro, un cuadro que te rapte el tiempo o una foto que te coja prestada la sonrisa. También sé de gente a la que le inspira el café de la ventana. Una ola que rompa fuerte en el vaso o el baile que hace el mar. Al hombre de la calle, Lynn Gentry le inspira la anatomía. Estar en la médula de la ciudad, en el ombligo de la calle. Ver los ojos de la gente, el corazón del ser humano. A Lynn Gentry no le inspira ninguna pared, no le separan murallas. Él vive con el viento de cara entre el aire puro y la mierda que ofrece la realidad. Lynn Gentry se sienta en la verdad de las calles, siempre viaja con su mesa y su poesía. Su oficina es la vida de los nómadas y, a ellos y sobre ellos,  escribe. “Pick a subject and get a poem” como reclamo. Poemas instantáneos. Con una palabra o un tema y gastando el precio que tú decidas, en cinco minutos Gentry crea poesía. El enigma de dónde estará mañana es una pregunta estúpidamente retórica. Ni él mismo lo debe saber, lo único asegurado es que, allá donde sople su rumbo, allá donde se pose, largas colas se forman a su alrededor, como si del fuego se tratara. Un hombre que está en la calle. Tiene máquina de escribir y una mesa portátil. Ese es Lynn Gentry, el creador de la poesía que arde entre la anatomía de las calles. T: Celia Liébana

¿Por qué decidiste dedicarte a la poesía? Es una decisión que todavía me cuesta. Comencé a escribir con este estilo en Julio del 2009, mientras estudiaba Jazz y Música Mundial en la Universidad del estado de San Francisco. No veía la poesía como una ocupación a largo plazo, ya que la música era mi principal objetivo. Me ha tomado años entender que las dos no deben competir. Aunque la poesía ha sido cada vez más rentable que la música, no es una tarea fácil. Su éxito está fuertemente conectado a la recesión, el clima, la ubicación y los eventos de la vida. También puede ser bastante aislante. Ha habido momentos en los cuales me siento consumido por lo pensamientos de otros. En el pasado solía culpar a la poesía por los momentos menos exitosos y más difíciles. A través de la reexaminación caí en cuenta de que ella ha sido algo constante en mi vida. Un medio leal al cual siempre puedo acudir. He amado el proceso de escribir desde el primer momento, pero todo amor está acompañado por un gran dolor. El único punto firme en mi vida es mi escritura. Me dedico a ella cada día.

Exponerte en el exterior como poeta no es muy común. Háblanos un poco sobre por qué saliste a la calle para hacerlo. La primera poetisa a la que vi escribir de esta manera fue a Jacqueline Suskin, en la Oregón Country Fair del 2009. Durante nuestro primer encuentro no me dirigió una sola palabra. Yo estaba caminando por un largo pasillo y me encontré a solas con Jacqueline, sentada tras su máquina de escribir. No sabía qué estaba haciendo y esperaba que ella me lo dijese. Al darme cuenta de que no tenía intención de hablar, adiviné y le pedí un poema sobre “couch surfing”, el cual perdí mientras hacía couch surfing en Oregón. Cuando regresé a San Francisco, me mudé muy cerca de mi amigo, Jazz Man James Frost-Winn, un músico que actúa en las calles de Haight-Ashbury.

¿Quién te sorprende más en tu trabajo, los clientes y sus peticiones o tú y tu rápida pluma? Creo que son inseparables. A menudo caigo en la cuenta de que escribo poemas que están conectados en el subconsciente con sus dueños, y así como ellos se sorprenden, yo también.

Ofreces poesía rápida, casi instantánea, como si de algún servicio poco romántico se tratara. Crear poemas en tan poco tiempo puede crear desconfianza frente a la calidad artística en ellos. ¿Cuál es tu defensa ante esto? Es instantáneo sólo si no tienes en cuenta que el proceso es una práctica diaria de cuantiosas horas. A través del tiempo he aprendido a dejar de intentar hacer arte. Aspirar al estatus de artista es esfuerzo en vano y la idea de “calidad artística” es una falsedad no apoyada en nuestra sociedad. Si lo fuese, aún estaría viviendo en San Francisco junto con muchos amigos, artistas y músicos que han dejado la ciudad aburguesada. La confianza, sin embargo, es algo que se gana de manera natural en el proceso. Una vez me recitaron “not known is most intimate” (lo desconocido es más íntimo), por un autor japonés en el Café Revolution de San Francisco. Cuando la gente solicita un poema, baja las barreras, aquellas que estamos condicionados a tener con nosotros mismos y otros. En ese intercambio, se me permite tener un momento verdaderamente íntimo con un extraño.

El precio de tu trabajo es simbólico y voluntario, ¿por qué escogiste esta forma de pago? He explicado el método de pago voluntario en términos cercanos a mi propia historia como individuo de la zona sur-centro de Los Ángeles, así como su inspiración, la cual se deriva de la historia bíblica de “la ofrenda de la viuda”. No conozco las condiciones de las personas que se me acercan. No quiero rechazar a alguien que necesite de la poesía.

Acercas los poemas a la calle, les das vida y los pones al alcance de todos… ¿crees que le estás haciendo un favor a la poesía o a la gente? No son diferentes. A través de la poesía llevo a la gente a donde quiera que voy. A decir verdad, hago de la poesía parte de la vida así como mis clientes hacen la vida poética.

Coches, ruido, gente… ¿cómo te concentras en la calle? Mientras escribo no veo los coches ni escucho el ruido, pero la gente sí puede llegar a distraerme a mitad de camino. Debo hacer mi propio lugar para la paz.

El amor, el desamor, la amistad, la vida… ¿Cuáles son los temas más solicitados? El amor, la amistad y los viajes.

¿Qué es aquello que te han pedido que te haya sorprendido más? Alexandra Sanji, a sus diecisiete años, me pidió, “Jim Morrison dijo que está escribiendo hacia el abismo, ¿me escribirías un poema sobre eso?” Definitivamente me sorprendió. Inmediatamente supe que ella es diferente y desde entonces hemos sido amigos.

¿Sigues algún mecanismo común en tu cabeza cuando te encargan un poema? Hay ciertas preguntas que hago para conocer mejor a las personas y su relación con las temáticas.

¿Tienes alguna musa? He tenido muchas.

¿Y algún referente en la poesía? Para muchos de mis poemas sobre danza veo a Natasha Warder, una amiga que estudió danza en la universidad. Ella es interesante ya que no separa la danza de la vida, cuando para otros estudiantes la danza no sale del instituto. Cuando se trata de sabiduría recurro a Salomón. Desde su muerte, me comunico continuamente con mi madre a través de sueños y pienso en ella cuando escribo sobre esta temática. Veo mi trabajo como continuo, por lo que en vez de tener una musa en específico, varias convergen en una.

¿Es gratificante tu trabajo? Sí, lo encuentro gratificante. Sin embargo, hay cierta culpabilidad asociada con el hecho de que me quita tiempo al lado de mi familia y es poco fiable. Mi esposa y yo estamos en un estado constante de compromiso y adaptación a medida que intentamos reconciliar nuestras prácticas creativas y nuestra supervivencia.

Y para terminar, habrás cruzado palabras con miles de personas, miles de poemas, miles de peticiones y, por tanto, sabes miles de historias…. ¿podrías contarnos la anécdota más mágica con la que te has encontrado mientras trabajabas? Cada día lo empiezo sin nada, abierto al mundo sin saber qué recibiré a cambio. He conocido personas en Nueva York que me cuentan historias de cuando nos conocimos en San Francisco, Utah, Colorado y que han logrado conectarse con gente a lo largo de todo el mundo. Es una historia continua que cada vez es más mágica.

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Why did you decide to dedicate yourself to poetry? The decision remains a struggle. I started writing in this style in July of 2009, while I was still studying Jazz and World Music at San Francisco State. I didn’t see poetry as a long term occupation, since music was my focus. It has taken years to understand that the two don’t need to compete. 

Although poetry has become more profitable for me than music, it is not an easier endeavor. It’s success is easily affected by recession, weather, location, and life events. It can also be very isolating. There have been times when I felt consumed by the thoughts of others. 

In the past I tended to blame the poetry itself during the less successful or difficult periods. Through reexamination I realized that it has been a constant in my life. It is a loyal medium to which I can always turn. I have loved this process of writing since I first saw it, but every love is accompanied by great pain. The still point that I have found is my writing. I re-dedicate myself to it every day.

Exposing yourself on the streets as a poet is not that common. Tell us what led you to do this. The first poet that I saw writing in this style was Jacqueline Suskin at the 2009 Oregon Country Fair. In our first encounter she didn’t say one word to me. I was walking along a path and found myself alone with Jacqueline sitting behind her typewriter. I didn’t know what she was doing and attempted to wait for her to tell me. Realizing she didn’t intend to speak, I guessed, and asked for a poem on “couch surfing”, which I lost while couch surfing in Oregon. When I got back to San Francisco, I set up a block from my friend, Jazz Man James Frost-Winn, a musician who busked in Haight-Ashbury.

Who surprises you the most when working, the clients and their requests or you and your quick pen? I think they are inseparable. Often, I find I write poems that are subconsciously connected to the patrons and just as much as it surprises them, it also surprises me. 

You offer quick poetry, almost instantaneous, as if it was some kind of unromantic service. Writing poems in such a short time can inspire distrust regarding their artistic quality. How do you defend yourself against this? It is “almost instantaneous” only if you don’t consider that the process is a daily practice of compounding hours. Over time, I have learned to stop trying to make art. Aspiring to the status of artist is a vain pursuit and the idea of “artistic quality” is a falsity not supported by our society. If it was, I would still be living in San Francisco along with many friends, artists, and musicians that have left the gentrified city.

Trust, however, is something that is gained naturally through the process. I was once told, “not known it most intimate,” by a Japanese artist at Café Revolution in San Francisco. When people request a poem, they remove the barriers that we are preconditioned to keep between ourselves and others. In that exchange, I am allowed to have a truly intimate moment with a stranger.

The price of your work is symbolic and voluntary, what made you choose this payment method? I have explained the voluntary payment method before in terms of my own history as an individual from South Central Los Angeles, as well as, the inspiration derived from the biblical story of the “Widow’s Mite”. I do not know what a person’s condition is when they come to me. I do not want someone who needs poetry to be turned away. 

You provide the streets with poetry, giving it life and placing it within the reach of everyone… Who do you think you’re favoring the most, poetry itself or the people? They are no different. Through the poetry I take the people everywhere I go. In truth, I make poetry a part of life only as much as the patrons make life poetic.  

Cars, noise, people… How do you manage to concentrate in the streets? While writing I don’t see the cars or hear the noise, but the people do stop me mid stream. I have to make my own place for peace.

Love, heartbreaks, friendship, life… Which are the most demanded topics? Love, friendship, and travel.

What request has surprised you the most? Allessandra Sanj, at age 17, asked me “Jim Morrison said he’s writing toward the abyss, could you write me a poem about that?” It was definitely the most surprising. Immediately I knew that she was different and we’ve been friends ever since.

Do you follow any common mechanism in your head when someone asks for a poem? I have certain questions that I ask to better understand the people and their relationship to the subjects.

Do you have a muse? I’ve had many.

And any reference in poetry? For many of my dance poems I see Natasha Warder, a friend who was a dance major in college. She was interesting because she didn’t separate life and dance, when for many students it was confined to the institution. For wisdom I usually refer to Solomon. Since her death, I’ve continued to communicate with my mother through dreams and think of her when writing on the subject. I think of people as continual, so rather than having a specific muse many blend into one.

Do you consider your job as rewarding? I do find it rewarding. However, there is a guilt associated with it due to the time it takes away from my family and its intermittent unreliability. My wife and I are in a constant state of compromise and adaptation as we attempt to reconcile our creative practices and survival.

And finally, you’ve crossed words with thousands of people, written thousands of poems, had thousands of requests and therefore know many stories… Could you tell us the most magical story you’ve found while working? Everyday starts with having nothing and going out opening myself to the world unknowing of what I will get back. I’ve met people in New York that have told me stories of when we met in San Francisco, Utah, Colorado and have managed to reconnect with people all over the world. It is a continual story that keeps getting more magical.

 

 

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