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el impacto de trainspotting: ¿se repetirá con la segunda parte?



Trainspotting 1

Tenía quince años cuando vi esta película por primera vez: me quedé sin aliento. Mis ojos no se lo creían y mi cerebro menos. Una mezcla de fascinación, por haber visto algo tan distinto, e incomodidad, por pensar en algo que nunca me había parado a pensar: elige la vida. ¿Cómo la elijo? ¿La elijo realmente yo? Nadie me había dicho que la vida se escogiera, que carga de responsabilidad se me venía encima. A primera vista todos pensaréis: Trainspotting es drogas, sexo y alcohol. ¡No! Esta película no te incita a consumir heroína, no busca pervertirte ni excitarte, tampoco quiere que consumas la misma cantidad de cerveza y agua. Es un elogio a la reflexión, una bomba de emociones que todos hemos sentido alguna vez y, sobretodo, una reproducción de la cruda realidad.

Repito: cruda realidad. Porque aquí no hay parejas bailando bajo la lluvia, con mariposas volando y un arco iris en el horizonte. Aquí verás la verdad, lo bueno y lo malo. Sin maquillaje ni eufemismos. El director, Danny Boyle consigue una aproximación real y sincera a las drogas y nos ofrece un terremoto audiovisual que se ha convertido en una película de culto; si las imágenes impactan, el guión no se queda corto.

Trainspotting 2

De hecho, se trata de un reflejo de la sociedad británica de los 80s que se vuelve un imprescindible para comprender qué sucedía en el Reino Unido en aquél entonces. Pero lo interesante es cómo esta obra de arte (y remarco “obra de arte” porque es uno de los tesoros de historia del cine) fue también un fenómeno social en su momento y cómo este espíritu sigue vivo aún ahora después de tantos años. Para entender porqué esta película fue algo rompedor en 1996 y cómo cambió el cine británico, social e ingenuo, y probablemente la vida de muchas personas, hay que ponernos en contexto: Trainspotting nació en el momento en que su país dijo adiós a la conocida Dama de Hierro, Margaret Tatcher, saludó a la Cool Britania y se envolvió de orgullo nacional. En medio de tantos cambios, con esta adaptación del libro de Irvine Welsh los británicos lo volvieron a conseguir, les dieron una lección a los norteamericanos. Pasados los años, los tiempos han cambiado, pero la situación en Gran Bretaña está en el mismo punto emocional: después del Brexit, los británicos necesitan volver a creer en ellos mismos. Por eso, la llegada de una segunda parte ahora no puede llegar en mejor momento.

Pero volvamos donde comenzó todo. A medida que transcurre el largometraje vemos que la cruda realidad tiene muchos aspectos a analizar, y no me refiero a la aparición de nuevas drogas que sustituyeron el boom de la adicción a la heroína. Observamos el reemplazo generacional de la época: los tiempos cambian y, con él, las costumbres, la música y las personas, que se hacen mayores y maduran. Así lo vive el protagonista, que al principio se niega a escoger todo lo que la sociedad nos pide que escogemos. Podríamos decir que se resiste al sentido común impuesto por una autoridad enmascarada a una sociedad con unos ideales de libertad ficticios que nunca se cuestiona.

Trainspotting 3

Hablando de cuestionar, el significado del título también puede ser clave para entender la trama. Trainspotting es llamada así por el hobby de ver pasar el tren del protagonista y sus amigos, todos adictos a la heroína y caracterizados con una personalidad excéntrica. Ver pasar el tren y nunca cogerlo es elegir no empezar el viaje, no atreverse a dar un paso hacia adelante o, como diría Mark Renton (Ewan McCregor), tomar la decisión de no elegir la vida. ¿Quería el director hacer una metáfora del título para resumir la trama? Quizás.

Pero si las razones dadas no os bastan y aún os preguntáis por qué se convirtió en una película de culto, yo os digo: elegid verla, ahora más que nunca. Ahora, después de 21 años de esta perla que costó 1,5 millones de libras (precio muy decente) esperamos en la gran pantalla la segunda parte y esperamos que el impacto sea aún mayor, al cerrarse el círculo, al entender el contexto en el que estamos. El nombre se ha mantenido, T2: Trainspotting, como también se han mantenido los actores que, aunque sean mucho más mayores, esperamos que nos desvelen lo que pasó con aquél final tenso e intrigante que podía desencadenar un episodio de venganza y locura. Esta vez, el director se enfrenta a un gran reto, superar o, al menos, igualar el nivel cinematográfico en todos los aspectos (guión, escena, montaje audiovisual) de la primera parte. No olvidemos que en los 90s los recursos audiovisuales eran muy limitados y, aún así, Danny Boyle consiguió lo que quería: plasmar las emociones y la perspectiva de una persona bajo los efectos de la heroína y contrastarlo con la realidad. Pero, ¿qué sustituirá al bebé que camina por el tejado o al retrete podrido y mágico? Será difícil, muy difícil. T: Júlia Martinell

T2

Trainspotting, 21 años después

T2: Trainspotting, 21 años después…

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