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#DistortedRealities: la habitación de la rabia en Toronto



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Desde que nacemos y tenemos acceso a los objetos domésticos, se nos prohíbe rotundamente romper cosas.  Quizás sea porque las personas que se han ocupado de nosotros, son capaces de percibir el destello que brilla en nuestros ojos al ver un objeto endeble, que pide a gritos “vamos, trata de poner tus huellas sobre mí y juro por lo más sagrado que no me desplomaré en mil pedazos”. No obstante, hay un lugar más allá del charco, concretamente en Toronto, Canadá, que va en contra de todos esos fundamentos didácticos. En la Rage Room norteña, los visitantes reciben una experiencia relajante como ninguna otra. No, no estoy hablando de meditación. Estoy hablando de tomar un bate y romper cosas.

Por el módico precio de 20 dólares, y siempre y cuando tengan más de 18 años, los invitados pueden vestirse con una armadura protectora, elegir un arma de su elección, poner una canción para la ocasión y pasar 45 minutos rompiendo cinco delicados platos de cerámica, todo por el bien de la paz interior. Y por un coste adicional, incluso se pueden incluir mesas, sillas, copas de vino y el artículo doméstico más despreciado por la humanidad: un despertador. Según el cofundador Timothy Cheung, el negocio se inspiró en un establecimiento similar, por no decir controvertido, en Serbia. Él dice que en una ciudad como Toronto, los residentes seguramente podrían descargar algunos mandobles, pero en un entorno seguro y controlado.

La cuestión es, si este establecimiento es totalmente necesario hoy en día. Los hijos de Gandhi y los más puristas opinarán que se trata de un espectáculo que fomenta la violencia. Por contra, los que están acostumbrados a pasar 24/7 con el estrés y la angustia a flor de piel, lo ven como una utopía en busca de la catarsis. Personalmente, me identifico más con el último colectivo. Llamadme demente y destructor. Ya he construido una imagen de mí mismo cubierto por una máscara y un chaleco protector, escuchando Rage Against the Machine a toda pastilla y destrozando todas aquellas cosas que no se me ha permitido ni siquiera mirar, con un bate metálico entre las dos manos, evidentemente. Cabe destacar que los objetos que ofrece Rage Room dejan mucho que desear. ¿Veinte dólares por romper 4 jarros? Meted ahí dentro un Fiat Multipla y volveré al mundo real con algo más de esperanza en la humanidad. T: Adrià Hidalgo

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