
En algún momento el punk y el hardcore necesitaban algún tipo de orden. ¿Qué es eso de andar desgañitándose a bocajarro desde hace casi cuarenta años? Aún a pesar de que el punk ya no es aquel vómito fecal de 1977 y que las crestas ya no se las hacen con mocos y sudor de los sobacos, sino con lacas y ceras para el pelo anunciadas por, seguramente, Vicente Del Bosque (es quien hace todos los anuncios de este país, ¿no?) o David Villa (verídico: es la imagen de Giorgi), se supone que el punk sigue siendo el género por antonomasia que se caga en sus propias madres y, de paso, en las nuestras también. Porque sí. Porque durante un rato mola. Sí, mola. Casi tanto como el Diccionario de Punk y Hardcore de España y Latinoamérica editado por la Fundación Autor y coordinado por la plana mayor de la revista Zona de Obras. Miedo y asco en las casas okupas.
Eso de reivindicar a los Sex Pistols, a los Clash, a The Damned o a Bad Religion está bien. No se puede luchar contra ello. Pero tampoco debemos olvidarnos de la importancia seminal que en la música en castellano han tenido grupos como Los Saicos (¿los verdaderos inventores del punk, quizás?), Los Violadores, La Polla Records, Eskorbuto, Los Traidores, Attaque 77, Complot o Los Estómagos, entre otros. En este Diccionario de Punk y Hardcore de España y Latinoamérica, a diferencia de aquel reciente manual escrito por Jordi Llansamà acerca de la subversiva escena barcelonesa hardcoreta y punky rabiosa de segunda mitad de los ’80 y principios de los ’90, se procura no sólo abarcar la globalidad del género, sino sintetizar, al modo de la RAE pero con bastantes más limitaciones líricas y ciñéndose a la descripción biográfica de la plana mayor de las bandas que han marcado estos, en realidad, casi cincuenta años de proto-punk, punk, post-punk y hardcore en su vertientes más variables, haciéndose eco tanto de las bandas que formaron parte de la escena de cada uno de esos países (con especial hincapié, claro, en México, Argentina, España, Brasil y Colombia), pero también haciendo paneos generales por la historia del género en cada país y asistiendo a una breve descripción de los sellos que antaño y en la actualidad han tenido mayor relevancia para el desarrollo de dichos géneros.
Quizá algo cojos en algunas descripciones erradas de grupos con poca visibilidad global, pero muy relevantes en la descripción de algunos grupos totalmente lejanos a nuestro entorno y que, gracias a este diccionario, están al mismo nivel que aquellos primeros guitarrazos que oímos a finales de los ’70 convertidos en punk rock y protuberancias, por fin existe un documento (a completar, eso sí) que resume con una perspectiva documental lo más global que han podido la historia de la rabia en castellano como se merecía. Puaj. T: Alan Queipo.





















