daisy sisters, patada al nervio


¿Qué más podían exigir dos niñas de once años, inocentes, pálidas, solitarias y con bastantes cosas en común (mismo año de nacimiento, mismo signo zodiacal, misma –des-estructura familiar, mismas inquietudes y una conexión literaria más allá de conexiones clasistas en un país nórdico neutral pero cuestionablemente marginado de los conflictos sociales en la década de los ’30? Poco. Alguien que las escuche. O que, en su defecto, las lea.

La llamada del ahorro (o la conquista de una nueva y posible puerta que se abra) la realizaron dos profesoras, las culpables de que un lenguaje transnacional bastante alejado del MSN Messenger, el ICQ, el chat de Facebook o el What’sApp, la correspondencia por correo, forme parte del lenguaje, el devenir y las ilusiones positivas de dos niñas con bastantes razones para encerrarse en sí mismas. Así es como Elna y Vivi, dos suecas preadolescentes, pasan los años: escribiéndose. Una vez cumplidos los diecisiete años, planean el asalto al mundo y, entre medias, conocerse. La quedada es en la zona limítrofe entre Noruega y Suecia en el caluroso verano de 1938, en medio de la Segunda Guerra Mundial. A priori no debería haber problemas, pero ya lo dicen los yankees: la mierda ocurre. Los sueños de las Daisy Sisters (ese dúo vocal imaginario que pensaban vía tinta y papel) se esfuman tan rápido como la nieve en las manos del buen par de suecas. Henning Mankell da a luz uno de los retratos más duros, desordenados e históricamente impolutos de la última literatura sueca: una patada al nervio y una road letter en versión modulada que es casi una Biblia del desatino belicoso. Tristeza obliga. Tusquets recupera uno de los primeros (casi treinta años desde su año de publicación original, 1982) y más aclamados libros del escritor sueco Henning Mankell, Daisy Sisters, para hacer justicia no sólo a la edición bibliográfica del literato sueco en nuestro país, sino también a uno de los apóstoles del género negro y de corte policíaco pero aplicado a una psicología social personalista de los personajes de las víctimas que van más allá del mero relato de sucesos. Una especie de desarme del relato que acaba conjugando a la perfección con el cuestionamiento de valores, el anti-apalancamiento de las directrices de la novela negra y la puntualización de los detalles, atmósferas y puntillosas mixturas líricas que posee un Mankell que ha demostrado aún seguir en forma y ser un mito viviente de la literatura europea más mestiza. T: Alan Queipo.