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5 razones por las que este Sant Jordi hay que leer a Bukowski



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Ay, Bukowski, Bukowski… Violento, guarro, directo, solitario y descarado, muy descarado. Pero bueno, extraordinariamente bueno. Charles Bukowski nació un 16 de agosto de 1920 en la pequeña ciudad alemana de Andernach. Aún así, acabaría desarrollando toda su obra literaria en Los Ángeles, una ciudad por aquel entonces adulterada por un profundo aire de decadencia. La revisa TIME, de hecho, publicó en 1986 que el escritor era un “laureado de los bajos fondos de Estados Unidos”, y no le faltaba razón. La vida de Bukowski fue una vida marcada por las drogas, el alcohol y la mujeres, y de aquí que acabara siendo uno de los autores más destacados del denominado realismo sucio. A día de hoy se ha convertido en un referente imprescindible para todos aquellos que hemos soñado alguna vez con ser escritores, y en una lectura esencial para los verdaderos amantes de la literatura independiente. Precisamente por eso queremos brindarle hoy el homenaje que tanto se merece, aprovechando la fiesta catalana de la literatura para lanzar al aire una oda apasionada sobre el que probablemente ha sido uno de los escritores más influyentes de nuestros días. Y, ya que estamos, brindaros cinco razones para convenceros definitivamente de que este Sant Jordi es la oportunidad perfecta para leer a este genio de la literatura, a toda costa. T: Raquel Bueno

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Por sus brutales dosis de honestidad

La razón es muy simple, y es que él siempre decía lo que pensaba tal y como lo pensaba. Sin filtros, ni masajes, ni ningún otro tipo de consideración. Sus palabras eran un escupitajo impulsivo y directo a la cara –decía las verdades que nadie quería oír y no le importaba una mierda si éstas dolían– y es por eso precisamente que son capaces de conmocionarnos tanto: porque son una dosis de pura, brutal y embriagada honestidad. Una de las más celebres, y sin duda mis favoritas, es la famosa “Find what you love and let it kill you (Encuentra lo que amas y deja que te mate)”. Formaba parte de una carta que el escritor supuestamente habría escrito a un remitente desconocido, que decía así:

My-dear-Find-what-you

Hay quienes apuntan ahora que la frase no es suya, que su auténtico autor sería el compositor americano Van Dyke Parks y que, el enunciado en cuestión, provendría de una entrevista que éste hizo para la revista musical mensual CMJ New Music Monthly. Si serán verdad los rumores, no lo sabemos, pero lo que si es cierto es que la carta en cuestión no aparece en ninguno de sus archivos ni en ninguna de sus obras publicadas hasta la fecha. Como ocurre con tantas otras cosas en la vida, tendremos que aprender a vivir con esa intriga pero, entretanto, seguiremos nuestra búsqueda irrefrenable por encontrar aquello que realmente amamos y, luego, nos entregaremos a ello por completo y dejaremos que nos consuma dulce y profundamente, como si de un verso de Bukowski se tratara.

Bukowski2

Porque siempre fue un genio incomprendido

La vida de Charles Bukowski fue lo más parecido a subirse a una montaña rusa hasta las cejas de LSD, un cúmulo sucesivo de traumas que lo acabarían arrojando desde muy joven a la bebida, la nicotina y la mala vida. Con tan solo catorce años sufriría un caso extremo de acné –de ahí las decenas de cicatrices en su cara– y tendría que ser sometido a tratamientos muy dolorosos. Al cabo de un par de años, su padre perdería su empleo pero seguiría fingiendo ir a trabajar todos los días y, en 1939, un joven Bukowski empezaría a estudiar Periodismo en Los Angeles City College y, un año más tarde, se acabaría yendo de casa tras un incidente con éste, que habría tirado todas sus posesiones y manuscritos a la basura después de leerlos. En 1942 abandonaría la universidad antes de graduarse y dejaría atrás la ciudad de Los Ángeles para irse a vivir a Nueva Orleans y Filadelfia, y empezaría a tomarse enserio la escritura. Enviaría sus relatos cortos a revistas que gozaban de gran popularidad por aquel entonces como The Atlantic Monthly y Harper’s, pero éstos serían rechazados una y otra vez por su excesivo lirismo. En 1943, a la edad de veintitrés años, perdería la virginidad con lo que él acababaría describiendo como “una puta de trescientos kilos” (sí, hasta este punto ha llegado su legión de fans a documentar su vida) y, un año más tarde, empezaría a publicar poesía y sería encarcelado por agentes del FBI de Filadelfia por sospechas de una supuesta evasión de impuestos, que lo dejaría encerrado durante diecisiete días en la prisión de Moyamensing. Al inicio de la Segunda Guerra Mundial, Bukowski salvaría el culo y se libraría de ir a la guerra por no cumplir con los estándares médicos mínimos requeridos y, en 1947, volvería a Los Ángeles de forma permanente y empezaría a vivir de forma intermitente, y durante los siete años siguientes, con Jane Cooney (quien informes del FBI apuntan que habría sido su primera mujer). Sería por aquel entonces que el aún desconocido genio de las letras empezaría a dejar de escribir y a tener dificultades para sobrellevar su vida. ¿Os imaginais que lo hubiera hecho?

escritos

Por Escritos de un viejo indecente (1969)

Pues sí, Bukowski fue definitivamente un viejo indecente y, probablemente por eso, esta obra sea una de sus obras maestras. Es una recopilación de relatos breves, cada cual más desagradable y brillante –a partes iguales–, en la que entre otras frases suelta esta joyita:

An intellectual says a simple thing in a hard way. An artist says a hard thing in a simple way (Un intelectual es el que dice una cosa simple de un modo complicado. Un artista es el que dice una cosa complicada de un modo simple)”.

Toda una reivindicación al papel del artista, intérprete terrenal de las más complejas verdades universales. Él y sus escritos eran exactamente así: directos, simples y fruto de la más pura obscenidad e indecencia. Si no lo habéis leído aún, aprovechad y haceros con una copia de este tesoro literario este domingo. Os doy mi palabra, no os dejará indiferentes.

Pulp

Por Pulp (1994)

Pues nada, ya que Sant Jordi está al caer y estamos recomendando libros, dejadme venirme arriba y sugeriros que os hagáis un favor a vosotros mismos y os hagáis también con una copia de Pulp, la última novela completa que escribió este genio literario y la que se acabaría publicando el mismo año de su muerte. Si os digo la verdad, es una de las cosas más raras que he leído en mi vida. Pero quizás sea precisamente por eso, por esa mezcla casi repulsiva de lo insólito y lo demente, que esta obra se ha convertido en algo realmente excepcional. Si no la habéis leído aún, os servirá para adentraros de una vez por todas en el profundo y confuso universo mental de Charles Bukowski, en lo que acaba por ser una reflexión brillante e implícita sobre su vida y su muerte. Y un no poder parar de leer.

Bukowski and Linda Lee

Por que él tenía razón, y punto

Y, por último, y hablando de su muerte, ésta acecharía al escritor a lo largo de toda su frenética y tortuosa vida. En 1954 estaría a punto de morir por culpa de una hemorragia interna que le haría pasar nueve días en el LA County Hospital. Un año más tarde, se casaría con Barbara Fry en Las Vegas (dónde si no), de quien se acabaría separando apenas dos años más tarde y, en 1961, intentaría suicidarse con una estufa de gas. Irónicamente, parece que el éxito empezó a asomársele un par de años después: cuando recibió su primer premio literario y el Chicago Literary Times le hizo su primera entrevista. Dos años más tarde tendría su primera hija con Frances Smith, y su vida seguiría siendo un cúmulo constante de altibajos, inmortalizada en 1975 por Taylor Hackford en una película que llevaría por nombre su mismo apellido: Bukowski. En 1988 se sometería a tres tratamientos distintos para acabar con su cáncer de piel, y un año después a tratamientos contra la tuberculosis, enfermedad que le obligaría a dejar la bebida durante un tiempo. En 1993 sería ingresado durante 64 días en el hospital para someterse a quimioterapia contra su leucemia, y dejaría de beber y fumar de forma definitiva. Moriría en 1994, y sería enterrado en el parque de Green Hills Memorial, cerca de su casa. Seguramente seguirá ahora allí, bebiendo y retorciéndose entre risas, escupiéndole a la muerte con una sonrisa y demostrándonos a todos que, en el fondo, él siempre tuvo razón. Sobre él, sobre nosotros, sobre el ser humano. Ay… Bukowski, Bukowski.

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